Vino pal que lee.

i-love-wine_o_2368171Más de alguien se habrá percatado que en las redes sociales aparecen de vez en cuando, amistosas cuentas instalando “memes” con algún mensaje entusiasta de vinos, que tarde o temprano nos da cuenta de su presencia, cuando  a través del arroba. Se pueden incluir, por ejemplo, el clásico “Happy winesday” o la ya repetitiva alerta a “Keep Calm and Drink Wine”. Todas esas majamamas anónimas 
Estos creativos y panfletos digitales, van apareciendo y desapareciendo en corto tiempo a medida que el entusiasmado lector-bebedor armado con su cuenta de twitter, va entrando en su propio cansancio al no recibir respuesta alguna. Es que en realidad, nadie puede responder un meme, sólo replicarlo.
Pero la instalación de mensajes no es solo una cuestión que entusiasma a los bebedores sobreexcitados. Hace algunos años se rezaba más o menos lo siguiente: “el vino no se le debe explicar al consumidor, ya que el vino se debe explicar por sí mismo”.
Esta metáfora a medias fue capaz de recorrer siete años de publicaciones con muy pocos cambios a su haber, saliendo disparada como una advertencia dirigida al lector-bebedor; una “recomendación” que provenía por aquel entonces, de la parte más conservadora del periodismo que se enclaustró en el tema de los vinos.
Lo curioso y contradictorio, es que cuando se habla y escribe de un vino, lo primero es descomponerlo, reconstruirlo y hacerlo comprensible desde cierta afinidad a un supuesto lector que no conocemos, y que finalmente justifica su presencia en la botella. Un ejercicio descriptivo a veces riguroso y pocas veces hedónico, que explica y comenta, dando por obviedad un conjunto de explicaciones, que si las sumamos a otras sentencias que salen despedidas con aparente genialidad, nos vamos convenciendo que el vino además de ser un compañero de mesa y generador de placer, es portador de cientos de evangelios que el lector-bebedor, en el mejor de los casos, no hará culto estricto de ellos.

tumblr-lnj6l5z1kr1qfnac5o1-400“El vino no se le debe explicar al consumidor, ya que el vino se debe explicar por sí mismo”, es una frase extraña, confusa, una sentencia premonitoria que valida la astucia propia del explicador, al poder armar una atractiva y sugerente declaración que al mismo tiempo logra invalidarlo: si el vino es capaz de develar con facilidad su origen y, organoléptica e incluso emocionalmente hablar por sí mismo, en teoría, no necesitaríamos comunicadores.

Otra democrático refrán y eterno placebo, es el utilizado a la hora de justificar (o excusar) nuestro gusto personal: “el mejor vino, es que le gusta a uno”, o en su variante solidaria: “el mejor vino, es el que te gusta a ti”.
La pregunta es: ¿sabe uno realmente, lo que a uno le gusta? Sonará una idiotez, pero no lo es. Muchos quienes comienzan a probar y repetir la experiencia de degustar vinos, lo que en realidad hacen es promover la educación de sus sentidos. Su sentido y su gusto y como éste lo va entendiendo, acompañando o emocionando o emborrachándose con el de manera insistente. Y en aquel peregrinar, inevitablemente, como en la mayoría de las aficiones que van proyectándose, se va entendiendo lo que gusta y no gusta. En esa misma línea es muy poco probable que con solo un par o cientos de botellas se decida a rajatabla el sitial al cual se deba anclar el paladar. La diversidad de vinos es tal, que permite travestirse rápida y sucesivamente, dando vuelta la veleta para que el viento nos golpee desde otro lado (evitemos usar la palabra de “subjetividad”).
Es difícil hablar de gustos en espacio-tiempo. Somos susceptibles a cambios y se hace innecesario hablar de un consenso unificado de qué es y qué no es un buen vino o el mejor vino de aquí a mañana. Me atengo a la siguiente frase del escritor Phillip Hills: “La mayoría de las personas con alguna experiencia en cuestiones de sabor, sabe que lo que les agrada ahora, no es lo que les gustaba cuando eran niños. Los gustos pueden cultivarse y, en general, preferimos un gusto cultivado a uno ineducado. La apreciación tiene que ver con el sabor cultivado y el ejercicio en juicio y en base a los valores que provienen de ese aprendizaje”.

El vino logra instalar cosas interesantes en el imaginario de todos, hasta entramparnos, jugando con nuestro ego, la honra, la escritura, la columna e incluso hacernos cómplices de aquellas frases que pueden ser una burrada. Y si hemos de recordar frases instaladas dignas de memeficarse (o convertirse en meme), quiero postular una de Tito Fernández cuando realizó su presentación en Francia: del vino se dicen cosas, que ni el mismo vino entiende. 



Alvaro Tello
@vinocracia

Comentarios

  1. Hola Alvaro:
    Adhiero en un 100% a todo lo que acabas de escribir.
    Comunicar parece una lucha encarnizada sin vencedores ni vencidos....
    Gran texto amigo, felicitaciones y un abrazo grande.
    Ariel.

    ResponderEliminar
  2. Gracias amigo, también un abrazo grande desde este lado.

    ResponderEliminar
  3. Fernanda Valenzuela12:08

    Excelente punto.
    Me gustó sobre todo eso de "lo primero es descomponerlo, reconstruirlo y hacerlo comprensible..." y "El vino logra instalar cosas interesantes en el imaginario de todos, hasta entramparnos...".

    ¡Salud por tu pluma! ;)

    ResponderEliminar
  4. ALVARO:
    Me gusto mucho la nota !!

    Yo soy un gran defensor del adagio "el mejor vino es el que mas te gusta", pero ahora le agregaré "en este momento de tu vida"... jejeje

    Excelente blog !! Siempre un placer leerte.
    Abrazo trasandino. ROBERTO

    ResponderEliminar
  5. jajajajaja, muchas gracias Roberto, ¡un abrazo!

    ResponderEliminar
  6. Buen texto, me quedó cerquita. Los buenos lectores de vino son a mi juicio absolutamente necesarios, en un primer momento, por una razón muy simple: no hay nada más contagioso que el gusto de otro, cuando es un gusto sistemático, certero y ávido. El gusto de otro mueve a la curiosidad, a entrenar el propio gusto, a fin de gustarlo más y mejor. Ahora bien, para aquellos que escuchan a estos comunicadores (sean bebedores incipientes o no) siempre hay un punto medio que encontrar: ser capaz de saber cuándo adherir a la sistematicidad, a la justeza, a la belleza, de una buena lectura; y al mismo comprender que la lectura es un viaje, con sus estaciones, sus giros y sus cambios, que no es unívoca, que podría ser diferente. Afortunadamente, a veces los viajes de unos se cruzan con los de los otros.
    Muchos saludos Álvaro y felicitaciones por la nota.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario