Terranoble brut nature, pinot noir. Pensando bien las cosas.

IMG055En uno de los tantos episodios del programa de televisión inglés Top Gear, sometieron a una camioneta Toyota Hilux de finales de los ochentas a una cantidad de pruebas bastante descabelladas; como estrellarla sucesivamente contra varios objetos; sumergirla algunas horas en el mar; prenderle fuego; llegando al extremo de amarrarla a la azotea de un edificio de 73 metros, para luego ser dinamitado con la camioneta a cuestas, reduciendo todo a una pila de escombros. Y no importando la crudeza de esta y otras pruebas, el resultado fue siempre el mismo: la Hilux encendía su motor y salía maltrecha rodando.

Los animadores del exitoso show televisivo argumentaban que la fiabilidad y resistencia de la Hilux, era producto de una sencilla y honesta labor ingeniería, que se centró durante décadas en entregar un producto cuya dirección, fue resistir las exigentes pruebas de los fanáticos del off road y de quienes quisiesen trabajar con ella. Al parecer, lo consiguieron.

Así como existe la mecánica simple y a la vez confiable que va y se presta para casi todo, hablar de resistencia y fiabilidad a la hora comer acompañado de un espumante resulta dentro de los márgenes actuales, una imagen difícil de completar (aunque les parezca una ridícula comparación). Esto, debido al escape de precios sobre los quince mil pesos nos hablan de complejos platillos a la hora del descorche, y otros que bajo los diez mil, se apagan con prontitud observar a la cotidianeidad con algo de aspiración y desorden. La verdad, nunca ha existido claridad o un juego declarado o alguien que se haya atrevido a señalar qué platos realmente sirven para un espumante.

Finalmente los discursos en ambas laderas pretenden ir por la superficie siendo bastante similares entre si: hablarnos de celebridad, nicho, exclusividad, lujo y otras patrañas que se conservan intactas. (Ante tal altura, la campaña para desestacionar los espumantes y acercarlos al público, parece que ya no corre).

IMG058Revisando lo anterior podemos deducir que el pinot noir nature de Terranoble, puede salir a rodar tranquilamente y pasar las pruebas que correspondan. Fue concebido (con mucha seguridad a cuestas) por los enólogos Ignacio Conca y Diego Rivera apuntando a un segmento que busca experiencias relacionadas a la gastronomía. Ante tal propuesta, fueron por menos azúcar residual (nature) y mayor permanencia en lías (22 meses, pero que parecen menos) dando como resultado un vino seco y bien integrado, presentando buena acidez, redondez y firmeza, nariz que pasa del tostado a la fruta, lejos de los sobresaltos de panadería de la que tanto gustan por estos lados. Pero no es la nariz lo que importa, lo que este vino espumante tiene de sobra y que finalmente le sirve, está en la boca.

Uno de los pocos espumantes cuyo propósito o idea se materializa nítidamente, al ir con peso y cuerpo. Por lo tanto la idea de ingresar dentro de un segmento que busca “experiencias” a nivel gastronómico, creo, obtendrá muy buenos resultados.  Siendo atractivo poder apreciarlo, y por qué no, entenderlo.

A pesar de no creer demasiado en el concepto del vino “honesto”, e independiente del tema comercial, sí creo que un buen foco y dirección puede dar buenos resultados, sobre todo, si dejamos respirar el bolsillo sin precargos de conciencia a la hora de comprar y planificar.

A final de cuentas, la fiabilidad del Terranoble puede radicar en su versatilidad y disposición, y de cómo pocos se atreven a generar confianza suficiente ante una actividad tan cotidiana y placentera, como es disfrutar del comer y beber. Y no de andar vendiendo vinos con aroma a bisutería.

 

Alvaro Tello

@vinocracia

Alvaro Tello

No hay comentarios:

Publicar un comentario