Entre Valle, cabernet sauvignon del Itata. Siete años y más que eso.

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Siete años, asegura Manuel Soto en la presentación del Concurso de Vinos de Ránquil, es el tiempo que ha permanecido oculto subterraneamente este cabernet sauvignon proveniente de la parcela La Quinta, en la comuna de Ránquil, Valle de Itata.

Siete probables años que convirtieron la dureza del cabernet, en un vino extremadamente suave, sedoso y muy directo en términos de fruta, con un alcohol que a duras penas llega a los 12 grados, en una botella de tan solo 700 c.c. que se baja de una sentada. Algo exquisito.

Hasta acá vamos bien. Mejor dicho, muy bien, comparándolo con parte de los vinos artesanales de Itata que presentan alto niveles de acidez volátil (acético o vinagre) que no es percibido por algunos viñateros como un defecto. Contrario a lo que muchos piensan, esto puede ser el resultado de venir replicándolo durante décadas, habiéndolo aprendido quizás de algún ascendiente u otro productor vecino. Así podemos sacar cuentas de la escaza intervención de las pequeñas viñas del Itata y sus más menos 440 años de viticultura. (No caigamos en el vicio explosivo de la industria y sus viñas, que hablan de 500 años, cuando a mediados del 1500 solo habían Picunches y Mapuches, quienes no permitieron a los españoles establecerse con tranquilidad hasta casi entrado el 1600)

1578985Quizá una de las grandes sorpresas de este vino –que anda perfecto– es el precio, unos $2.500 pesos. Algo que para un santiaguino promedio puede conducirlo a dos cosas: o desconfiar, o negarse a comprarlo sin puntos de vista intermedios. Pero da igual, la suma de un vino con tales características, más la guarda y precio, hace que valga la pena pedir algunas cuantas botellas.

Sin embargo se asoma inmediatamente la duda (o la naturaleza santiaguina) en entender qué ocurre o qué lleva a un vino así a estar guardado por tantos años, y cobrar por ello un precio bajo lo razonable. Revisando que ocurre algo muy similar con otros viñateros, cuyos cinsault, moscateles, cabernet y país, del 2005, 2008 o 2010, apenas sobrepasan los 5 mil pesos.

Y la respuesta ante la duda no es muy alentadora.

Al igual que en el Maule, Yumbel, Colchagua y otras zonas productoras, el vino embotellado artesanal y como no, el embotellado de las grandes viñas, no goza de mucha popularidad, incluso cuando su costo no representa un gran sacrificio económico. Lamentablemente el vino en caja (tetra) y el semi industrial con alcohol agregado, o llamado “granel de garrafa”; son los que compiten y relegan al vino de los pequeños productores invalidándolo instantáneamente, al estar el producto artesanal por sobre valor promedio de un vino en tetra o granel. A raíz de esto, se ven obligados a caer en una suerte de pereza (por usar un término amable) en el cual su interés por vender y producir vino queda estrechamente relacionado a las necesidades propias de consumo, la casualidad o a esporádicos descubrimientos de carretera.

En innumerables casos, y como parte de la paradoja, es la fruta de estos pequeños productores que no vinifican, la destinada a ser parte del vino en tetra, que vuelve convertida a la zona en algo totalmente distinto de la mano de grandes viñas y grupos empresariales, como Concha y Toro, Santa Helena, Santa Rita y San Pedro.

Una forma poco honrosa de devolverla en medio de esto que llaman el “Nuevo Chile”, pero aceptada sin rencores por parte de los pequeños productores.

Alvaro Tello

@Vinocracia

 

Comentarios

  1. Hola Alvaro,
    Este señor tiene un vino más impresionante aún. Un moscatel cosecha tardía, con uvas de verdad botritizadas y pasificadas en la parra. Tiene un deje a Sauternnes, humildemente. El mejor -y mas real- cosecha tardía que he probado en Chile...

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