Laura Hartwig y Laura 2010. Entender y comunicar cambios.

IMG050Lo que más ha hecho daño al vino chileno no es la crítica, ya que no existe como figura. Sí, que en todos estos años gran parte de los empresarios hayan utilizado los canales de difusión para evadir la fragilidad crítica de su producto, por lo cual se valen de cierta inmunidad sosteniendo a sus interlocutores, conduciéndolos a que repliquen con ingenua individualidad el discurso prefabricado que sale del interior de la bodega.

En realidad, lo que ustedes y muchos llamamos en amplitud vino chileno, es la autoconstrucción de un parque temático vegetal, una maqueta ensamblada que no ha conquistado en los medios, un digno o siquiera mínimo espacio de libertad, o por lo menos, uno que se aboque a no difundirlo como un simple bien de consumo asociado a un micro relato.

Ante el vacío de educación, sensibilidad y abundancia de espacios pagados, cualquiera puede ser dirigido a dar rienda suelta a su imaginación, plastificando inequívocamente cada vino, viña, valle o localidad o donde se ponga en pie una planta y, que con la entrada de las redes sociales, se estimula a la creación de mitos que logran aferrarse al lenguaje común del bebedor. Verdades selectivas cuya autenticidad no se ponen en duda, y que al parecer no encuentran una contrapropuesta convincente para debilitarse.

Se cierne a través de los años historias sobre ríos aledaños que “enfrían” las uvas, por ende, así salen los vinos frescos; vinos naturales, en los cuales se desconoce si la botella o recipientes fueron sulfurados; insistir con la idea de un valle que no tiene río; valles en las brasas con influencia marítima y otros de clima frío sobre los treinta grados; viñedos en condición de secano con terminales de riego a la vista; y qué decir del incorregible eslogan: “buscamos un vino fresco, fácil de beber, que sea la fiel representación de su terruño”…suficiente, demasiada lectura.

Colchagua y Santa Cruz no se pueden excluir de la mitología, debido a que de este valle pende la constante interrogante de su temperatura y el estigma de la sobrecarga. Y pese a mis ganas de seguir enumerando aforismos, quiero centrarme y destacar la excepcional salida de Alejandro Hartwig, quien dentro del protocolo de presentación del ícono Laura 2010, abrió fuego desde una lógica totalmente distinta: exponer una seguidilla de problemas y mitos, sus respectivas soluciones y el resultado que se va reflejando en sus vinos.

En una conversación que surgió aparte, el viticultor y asesor de Laura Hartwig, Eduardo Silva, comentó lo que ha significado el cotejar y desechar datos desde que Colchagua entró en un escenario reconocible hace veinte años, como en el caso de los días grado. Para recién hoy, establecer los parámetros adecuados en lo que respecta al manejo del material y su relación con el suelo, llegando a cambiar la orientación de las variedades, y agregando incluso, el estudio y análisis del agua con la que se ha efectuado el riego. Esto claramente se condice con la realidad que se ha podido apreciar en otros viñedos donde se puede extraer algo similar, pero no tan preciso como en el caso de esta viña.

Creo considerar importante este item, ya que a medida que circulan los impresos ha sido muy complicado advertir si en Colchagua y sus zonas adyacentes han establecido cambios de algún tipo, más allá de la aparición de nuevas botellas y sus eventos de presentación que se enumeran mensualmente.

Eduardo Silva se integra al equipo formado el 2010 por el enólogo Renato Czischke y Felipe García, como su enólogo asesor. Ellos, finalmente perfilan las antiguas y nuevas cepas que se han ido progresivamente incorporando, como el caso de petit verdot y malbec. Sin olvidar que desde hace algunos años, Czischke y García vienen afinando el punto con cepas ya plantadas y de las cuales se puede obtener una segunda vuelta, como el caso del cabernet sauvignon y el carménère. Hay que recordar lo que fue el ensamblaje gran reserva 2008 y el Selección del Viticultor para más o menos captar como estaban comenzando a plantear su trabajo.

Revisando el avance desde ese entonces ya se podía intuir más o menos lo que sería Laura 2010, pero desgranando el ensamblaje de cabernet sauvignon, malbec, petit verdot y cabernet franc, hay más de donde extraer situaciones notables.

IMG044En esta ocasión, quizá uno de los elementos que claramente es un gran descubrimiento –al menos para mí– y que está presente en Laura 2010, es por lejos el malbec.

Siendo que en los vinos hay elementos a veces muy difíciles de apreciar que guarden una correlación a su viñedo, hay una sugerente verticalidad en el malbec de Hartwig, que no da pie para plantearse majaderas o pretensiosas comparaciones trasandinas o colchagüinas. Tiene un valor propio que lo distancia como para ir y compararse con ambas realidades. La singularidad corresponde a la principal característica heredada de los suelos arenosos, entre los cuales se esparce un aroma de baja intensidad que mezcla algo que podría definir como salobre y vegetal. Al probar el malbec, esa capa se siente intermitentemente, siendo que no estaba finalizando su periodo de guarda, como aclara Czischke.

El arranque de esa fruta dista sobradamente a la de sus vecinos, a los cuales y siendo honesto, se les desconoce un poco el potencial de la fruta, ya que por razones que se ignoran, tienden a opacar un poco esta variedad restándole peso en boca o incluyéndole un molesto amargor, abriéndose a la madera que brinda todo el elemento aditivo que llama por estos días a debatir.

El caso de Laura Hartwig lo considero destacable, al no ir por verdades selectivas o exageradas, demostrando que muchas veces desde la lectura expuesta hemos estado lejos de la realidad perdiendo el foco, obviando nuevamente el eje motivacional, que también y válidamente puede cambiar.

Lo único que queda por agregar, es que al parecer viene haciéndose necesario replantearse las formas de comunicar el vino, transversal y horizontalmente, erradicar los mensajes estériles y la fantasía de las páginas sociales con presentaciones pomposas. De ahí a la ficción despuntada, el paso es bastante corto.

Alvaro Tello

@vinocracia

Nota: quise acotar esto aparte, pero mil gracias Renato Czischke, por ser preciso y conciso. El trabajo puesto en Laura 2010 es notable.

Alvaro Tello

3 comentarios:

  1. Catalina14:49

    Hola alvarito,
    me acuerdo que en mi ultima visita a Chile ya se venian dando cambios bien interesantes en colchagua pero te dabas cuenta solo cuando estabas allá, porque en revistas o cualquier otro medio es imposible ver avance o al menos un poquitito de retoma para empalmar el reportaje. Me acuerdo habaer visto por alli a Xavier Chone en alguna visita y eso te daba cuenta de que alguien estaba tramando algo interesante, pero en fin al vino chileno le falta mucho por madurar comenzando por entregarse a la critica antes que cualquier cosa.

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  2. lilita13:26

    Cuando estuve en comunicaciones del holding san pedro no encargábamos de elaborar paso a paso lo que queriamos que saliese de la empresa y creo que nunca fallamos, hay que sumar al enólogo quien es el primer filtro y quien coopera en el mensaje, sin el nuestro trabajo está vacío, lo que dices es muy cierto, eso si tuvimos las inquietudes para que fuese distinto pero no se nos pagaba para eso, recuerdo analizábamos a todos los periodistas del rubro y aun dada su credibilidad e independencia, terminaban extendiendo los textos con "ingenua individualidad" como dices. Está claro que no hubieses sido nuestro mejor aliado.
    Felicitaciones por tu nota, bien al grano y vamos a probar ese vino.

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  3. Master,
    Que buena nota, llena de verdades!
    Mándame un mail para que nos juntemos a probar los vinos de Garcia + Schwaderer
    Saludos
    FG

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