A diez años de Mondovino.

07_mondovino03Mientras la vieja escuela de documentalistas, seguía conservando ese tímido atrevimiento a exponer situaciones incómodas de forma casi contemplativa, un Michael Moore con cámara en mano, daba muestra de como emboscar y descontextualizar a cualquier individuo o situación, concibiendo un punto de vista y narración que no necesariamente necesita ser la recopilación de hechos verídicos. El estilo de Moore es claro: apela constantemente a la edición y el corte de secuencias para reforzar su discurso, manipulando la imagen en pro de su mensaje políticamente oportunista, montando un verdadero espectáculo de personas en apariencia subnormales, siempre a la sombra de poderes fácticos que se encuentran acechando. Para el documentalista, es fácil canalizar su mensaje a través del uso de herramientas básicas e intuitivas, reforzando la idea del ciudadano común con tesis radicales y que encara al stablishment, y que irónicamente, lo lleva a menoscabar por partes iguales a víctimas y victimarios. Lamentablemente, Moore se desarma y devela todas sus impurezas cuando comete el gran pero provechoso error de iconizarse, de elevarse por sobre su mensaje, por sobre sus entrevistados, con una puesta en escena que nos hace digerir la verdad absoluta, consiguiendo la adherencia de los siempre exaltados inconformistas, que toman su registro audiovisual y lo convierten en una catedral que no admite herejes.
Diez años después de Mondovino, con mayor calma y menos exaltación, es posible transparentar que el director apeló al mismo estilo, que conlleva a la misma consecuencia: transformarse en una pieza de culto que fue absorbida por el incoformista entusiasta del vino, que reconoce en este documental una verdad a secas.
Hay que reconocer que Mondovino logró inmiscuirse oportunamente, en momentos en que la rivalidad entre grandes y pequeños productores se mantenía fresca y gozaba de buena salud, y que al ser expuesta fuera de este silente mundo, consiguió provocar el delirio fuera de las fronteras parronales. La historia del grande versus el pequeño, o de los previsibles perdedores que no lo son, siempre genera un exquisito morbo, e instala la idea de que por el hecho de ser grande, no puedes hacer lo quieres. No es mala, se cumple en este documental. El problema de este documental es que levanta fácilmente la pasión de los incautos fanáticos, convirtiendo cada segundo en un panfleto repetitivo que llama a reprobar las malas conductas, las de un bando que se vio de la noche a la mañana a forzado a ser antagónico. 
El problema de Mondovino es que provoca ceguera parcial, y es muy difícil darse cuenta que el director omitió los antecedentes previos que impulsaron toda esta maraña, y que de haberse expuesto, nos podría haber dado un nuevo punto de referencia, quizás uno menos entusiasta. Por ejemplo, el de las cosechas deplorables en la década del sesenta y setenta que mantuvo en crisis a pequeños y grandes productores, quienes por igual, se replantearon de manera urgente y a cualquier costo, el modo de hacer vinos para traer utilidades lo antes posible. Higienizando el ambiente, aminorando cualquier falla generada en los contaminados patrimonios productivos. Por cierto, toda aquella urgencia y necesidad de salvación en pro de que el vino francés retomase una calidad aceptable en plena crisis, fue lo que generó el auge y continuidad de los conocidos enólogos asesores. Ante lo cual y curiosamente, todos parecen nadar en una amnesia colectiva, que no invoca a quienes consiguieron que al menos la frase “vino francés”, saliese a flote con dignidad y discreción. El documental no hace hincapié que toda estas fallas, obviamente, tuvieron su consecuencia: el vicio de los asesores. 
Impensable entonces que se aborden las malas prácticas en la crisis posterior al 76, que llevó a traer sigilosamente convoyes enteros con vino a granel que pasaban de España e Italia hacia Francia, embelleciendo el vino local o de terroir. Parece intocable, el debatir como permisivamente esos mismos pequeños viñateros franceses aludidos en el documental, convirtieron a Estados Unidos en el líder indiscutido del capitalismo enológico, todo con tal de quitarse esa molesta pulga snob del crítico y caprichoso librepensador británico, con sus brillantes thropys en castillos medievales. Me pregunto ahora qué importó más, si mitigar la influencia de los tranquilos pero molestos socios históricos de la pre y post guerra, o importar uno nuevo a sabiendas de su astuta y avasalladora conducta. 
Como bien se explica en las secuencias, lo de Estados Unidos no ha sido diferente a lo ejecutado por la Roma imperial en toda Europa, imponiendo sus gustos, costumbres y formas de canje. Pero Nossiter, el ciudadano norteamericano criado en una atmósfera global, no va en contra de los pequeños viñateros que invitaron a los asesores y buscaron al país americano. Esto deja un aliento extraño y da a pensar que finalmente, aquellos temas que aluden a supuestas corrupciones y arreglos, sean tratados como un juego de nobles caballeros. 
Un ejemplo y caso de estudio, es lo conmovedor que resulta ver al viejo viñatero Aimé Guibert.
El hombre detrás de Daumas Gassac, desenfunda versos de una templada y convincente profundidad, apoyándose en el amplio escenario bucólico que lo rodea, recitando que el vino es una relación religiosa que se da entre el hombre y la naturaleza, e incluso agregando: “Hace falta un poeta para hacer un gran vino, y eso, ha sido sustituido por los asesores del vino”. Retomando la amnesia, Guibert parece olvidar que fue el asesor Émile Peynaud; considerado padre de la maloláctica y de la enología moderna e industrial; quien ayudó a Guibert a entrar al negocio del vino.
Es necesario aclarar que debido a su especial carisma y alcance, Peynaud no puede ser culpado como el personaje que precipitó la entrada de la mermelada, el roble y la micro oxigenación. Para eso tenemos a su alumno, el enólogo Michel Rolland.
Lamentablemente, el resultado del registro audiovisual trabaja inversamente, robusteciendo la imagen comercial de este asesor enológico, y todos quienes son parte del clan adversario, no precipitando su declive como muchos de los fanáticos sugieren. Ya nos ha mencionado una buena cantidad de veces eso de: “es mejor que hablen de ti, a que no digan nada”. Fue así como Rolland pasó a ser de tantas opciones —y la que ya era importante— a una primera, y como si esta fuese la única encendiendo la curiosidad de los bebedores entrantes. Hoy, nadie puede jactarse de no haber probado aunque sea por curiosidad un vino que haya sido gestionado por Rolland, cuestión —que para ser justos— también sucedió en menor medida con su contraparte limitada e inaccesible de los pequeños viñateros de terroir. Para concluir, el año 2006, Rolland cantando su propia alabanza da una entrevista y declara que Mondovino, en términos de negocios, habría sido muy positiva y productiva. Sondeando el alcance comercial de Parker, Mondavi y el resto de los aludidos, creo que no fue muy distinto.
Les dejo la siguiente pregunta: ¿fue acaso el supuesto remedio peor que la enfermedad?
liquidmemory-jacket1El error de Nossiter, que lo lleva como director a diferenciarse de Michael Moore, es no haberse hecho parte oportunamente de algún movimiento que defendiese vinos supuestamente intachables, no es un ícono si lo comparamos a la trascendencia que tuvo su trabajo, consolidando su porfía al seguir justificando por diez años su documental, frenando el impulso que lo pudo haber llevado a continuar con grabaciones y reforzar alguna postura, que en el exceso de repetición logró desvanecerse.
Luego de Liquid Memory, su primer intento de oratoria y de reclamar autoridad ante el vino llenando páginas de hipérboles y eufemismos, termina aprobando el modelo comercial de los grandes consorocios, argumentando que después de todo la mezcla vino-dinero, es un matrimonio indisoluble y aceptable. En cambio, Michael Moore no ha flaqueado y ha apoyado insistentemente a movimientos contrarios al gobierno o a sus políticas institucionales, siendo hasta el día de hoy un predicador de masas por excelencia, una personalidad convincente que sin necesidad de presentar un registro audiovisual nuevo, ha logrado obtener el peso necesario para validar y darle continuidad a su sermón audiovisual, paseando su vientre por cuanta universidad y foro sea invitado.
La gran dicotomía, es que el exitoso trabajo de Nossiter con Mondovino, pateó la jaula dejando desorientados a todos los pájaros que vivían en su interior, pero una vez cesado el mareo, resultó ir en benefició de todos los aludidos en su registro, no así de su director. Recordemos lo que fue Río Sex Comedy, uno de sus pocos trabajos posteriores a Mondovino, que fue estrenada el 2011, siendo tildada unánimemente como un filme intragable. Que habla de la inspiración de Nossiter tras su larga estadía en Brasil. Con cierto filtro "indie",  no obtuvo el mismo éxito como fue su debut en Sundance y su película Sunday. Menos con Mondovino.
Natural-Resistance-by-Jonathan-NossiterEl cineasta esta vez vuelve a intentar introducirse en el mundo del vino con el documental llamado Natural Resistance. La verdad, la aparición de este nuevo documental no ha causado el mismo revuelo, ya que antes de su salida se transparentó que habían ciertos convenios con los aludidos, lo cual se ha recalcado con la entrada del documental spot, que ya es una tendencia entre pequeños productores sin grandes alcances económicos pero llenos de filosofías varias. Creo que la novedad llegó un poco tarde.
Sí me llama la atención es que este trabajo haya sido predicho por el año 2006, en una carta abierta que escribió un espectador encarando a Nossiter, dejándole en claro lo sesgado de su visión como cineasta y en la cual aseguraba, que no le extrañaría que en diez años más estaría hablando de biodinamismo y agricultores naturales europeos, sugiriendo además que en algún momento, se aprovecharía de esto para volver a poner su punto de vista al servicio del fanático obtuso.
La verdad, hoy en día me cuesta digerir a un bando en particular o una pieza audiovisual que esconde bajo la alfombra el subtexto. Creo que todo esto se podría simplificar dándonos cuenta que la llamada industria del vino o de los pequeños productores, independientes del país que sean, son siempre víctimas de su propio gigantismo y enanismo. Finalmente, los vicios son los siempre: la constante lucha ideológica entre quienes desean tener la razón, de quienes se sientan como ganadores y perdedores; pero jamás, de santos y pecadores. Y de esto último hay bastante, en ambos bandos, pero hasta ahora no figuran como tal en ningún escrito o documental.



Nota: Mondovino y Natural Resistance, tienen muy buenos planos de cámara de perros. Los mejores, según mi apreciación.

Alvaro Tello.
@vinocracia


Presionen este enlace, para ver el documental con subtítulos en español
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