REnace, carignan en RE mayor.

3Puede que en contadas ocasiones hayan escuchado o leído aquello que existe un vino que concuerda totalmente con su origen, o escrito simplemente como: “este es un vino con sentido de origen”.

Esta frase que figura sin importar experiencia y que logra insertarse en cualquier forma verbal y escrita, por algún motivo u otro siempre me termina generando bastante incertidumbre. No se trata de un berrinche antojadizo ante la figura, es más bien por el hecho que es un término utilizado de forma muy ligera y abstracta, cuando en realidad, habla del peso evidente de una verticalidad conducida del terruño hacia el vino. La verdad es que el eslogan en cuestión, funciona perfecto como propuesta decorativa, que al no vincularse con alguna descripción u argumento un poco más agudo que la saque de la volatilidad narrativa, el uso de «sentido de origen», carece de todo sentido.

Después de varios años lo único que puedo concluir y dar certeza, es que para hablar del sentido de origen, es recomendable conocer y haber puesto los pies en algún lugar de origen, entendiendo e interpretando como actúa la suma de elementos naturales que logren finalmente revelarse. Y la verdad, es que en algunas zonas que he visitado reiteradamente, he podido tener alcances cada vez más nítidos y a su vez incompletos, ya que no es parte de algo instantáneo que llegue de buenas a primeras por iluminación u obra de la divinidad. En verdad, requiere bastante tiempo y dedicación discernir cuánto de ese factor natural se ve medianamente reflejado, descartando de plano, todo aquello que pueda venir producto de la imaginación.

Cabe destacar que como todos los orígenes han de ser distintos, existen aquellos que pueden expresarse a medias sin marcar el paso, también otros, que sobresalen y hablan de su entorno con bastante nervio, siendo una especie de vida propia que va ignorando por etapas y a gusto la intervención humana.

En el fundo Santa Elena de Loncomilla, en pleno secano, existe un singular componente que con el también bloguero Pablo Cavieres, dimos cuenta que terminaba impregnándose en las viejas parras de carignan. Se trata de una abundante hierba silvestre de perfumada y pegajosa resina, conocida localmente como Melosa (Madia Sativa). No es difícil notar su presencia en el ambiente, tiene un aroma un tanto dulce muy similar a una cereza, que acompaña —sobre todo en las mañanas— gran parte del recorrido que se hace por el fundo.

La hierba en cuestión no es eliminada, se deja que permanezca al pie de las plantas y cumpla su ciclo. Tras esto, desconozco la proporción que finalmente termina incidiendo, pero al ir probando la fruta en terreno, el vino en proceso y su resultado, se puede rendir cuentas y ver que efectivamente lo hace. Agregando como obviedad, que cualquier otro carignan que no procede de los mismos cuarteles, es absolutamente distinto, careciendo del mismo fondo frutal y perfil aromático.

REnace, es un vino que tuve la suerte —como muy pocas— de verlo partir anticipadamente en los cuarteles del fundo Santa Elena, cuando todavía las tinajas con su vientre esférico estaban recuperándose del olvido en la bodega de Casablanca. Hoy, al conocerlo en toda su extensión, se puede constatar un tiempo muy preciso de hechura, en el cual Pablo Morandé, decide ir con la confianza necesaria brindada por la fruta del cuartel número 25 de Viña Roja, en el Fundo Santa Elena, con el cual el enólogo aparte de tener una especial conexión y arraigo, se encuentra en una condición de suelo y exposición ideal, que ofrece garantías para ir por acidez y carácter.

980871_10201131192938805_1616306479_oEl carignan plantado por el año 1950 es el que en esta instancia se vincula y hermana con en el rescate de tinajas de procedencia familiar, que como tantas otras, terminaron siendo parte de la ornamentación de las viejas casonas al interior del Cauquenes. Abandonadas posterior al terremoto del año 1939, la tinaja de barro tosco, rugoso y rico en cuarzo; que entre sus tantas gracias permite un buen intercambio de temperatura y oxigeno durante la convección; sirve de receptáculo para las uvas, las cuales son depositadas y aplastadas con un pisón de madera, sin adicionar levaduras de ningún tipo. Tras movimientos convectivos y polimerización, el vino es llevado barricas de madera, que para alivio de los quisquillosos no son nuevas o de limitado uso. Hablemos de barricas del año 1995 que permite por cuestiones obvias, limitar este recurso a ser parte de un reposo intermedio, opuesto y muy lejos al carácter aditivo que representa hoy en día.

Después de probarlo, surge un vino que es una sola unidad, que no se divide abruptamente en boca como sucede con una gran cantidad de etiquetas de carignan, donde el dulzor tiende a dispararse por un lado y el cuerpo por otro. La conservación de una acidez natural sin corrección me hace suponer, que es éste factor carente en otros vinos de la misma cepa, el que finalmente permite percibir algo íntegro, jugoso y no bifurcado, robusto pero que va al paso, con la persistencia en boca que bien describen los viejos: un vino de arrastre y para comer. Un punto que en definitiva sirve para conectarse con otra realidad, ya que su resultado no es producto de una maceración carbónica que pudo haber destacado una exacerbada nota terrosa —que si está presente— o un vino con extrema liviandad en boca, más bien, está el peso de la fruta que viene de una tinaja muy bien oxigenada, que presenta la parte elemental y viva de la cepa, con la calma que ciertamente obtuvo en su reposo post fermentativo. Para esto que puede sonar una extraña ambivalencia, es recomendable decantarlo para lograr amansarlo un poco, aunque si la comida fuese fuerte y enjundiosa, creo que no será tan necesario hacerlo.

Sin embargo hay un punto muy destacable, que no se encuentra señalado ni menos textualizado en su etiqueta y ficha técnica. Y es de un Pablo Morandé que da paternidad a su vino que nace con motivación de recrear y extender una parte de su vida y reconectarla con su ascendencia, siendo lo que he leído de su letra y pronunciado de su boca, algo que simplemente, no tendría cabida o me costaría bastante canalizarlo en este texto.

Este vez reconozco mis limitaciones, que radican en lo insondable que resulta interpretar motivaciones que no son propias, y que sí deberían importar y trascender, sobre todo, en medio de toda esta friolera desatada por beber, catalogar y saber hasta el mínimo detalle legible y cuantificable desde el hollejo a la estantería. Creo, hemos obviado lo esencial, que es conocer y REconocer la motivación a veces placentera o agobiante de quien se ha puesto a fermentar uvas no por capricho, sino para lidiar con lo que Pablo Morandé llama la eterna e indestructible esperanza de un viñatero.

Aunque en ocasiones el leitmotiv nos resulte algo mezquino u obedezca a un orden que no nos agrade, recalcar la sustancia humana que ahora es parte de la anécdota anónima en el mundo inalcanzable del vino, se hace vital en tiempos que exigimos a palos erradicar la palabra industria, para reemplazarla por la de país con tradición vitivinícola. Primero, comencemos a narrar y mostrar ejemplos.

A.T.

@Vinocracia

 

Comentarios

  1. Natalia Rivas11:32

    no te gustaría hablar de comida también? se agradecería tanto ese mismo nivel de detalle y entrega pero para quienes visitamos restos y picadas, andan todos muy flojonasos y muy tiperos

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  2. Hay una foto que saqué en la feria con un grupo de gente y Pablo Morandé Jr, quise inmortalizar ese momento ya que en la copa del brindis obligado, se encontraba este ejemplar que tan bien has detallado su origen. REnace es uno de esos vinos diferentes, sin conocer aún Locomilla y la bodega, me sospeché que estaba ante un exponente de otra talla. Espero poder visitar prontamente esa zona y probar en bodega las lindas sorpresas que Don Pablo nos tiene a futuro.
    Felicitaciones por el detalle y el texto. Salud!!

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  3. Ten por seguro Ariel que si vas, te recibirán encantados y sin problemas, Morandé padre e hijo saben de hospitalidad. ¡Gracias por la visita Ariel!

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  4. Cata19:37

    te acuerdas cuando probamos el carignan de Los Reyes? antes que apareciera toda el chamullo de lo natural ya habían personas que hacían ese tipo de vinos .Luyt no redescubrio nada

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  5. panchosoto21:47

    muy caro!

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    1. Anónimo17:30

      Para una producción de 1050 botellas encuentro muy barato y ya sabes el dicho obtienes lo que pagas y de lo bueno poco
      70rge

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  6. maría jesus p11:42

    muy buen vino, es para darle un tiempo más en botella

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