Impuesto al vino…pensando en que todo seguirá igual.

impuesto_revista1En el año 1938 muy cercano al fin de su mandato, el presidente Arturo Alessandri había visionado una excelente oportunidad de recaudación, al ver los interesantes y brutales ingresos por consumo de vino. Mientras los viñedos aparentemente no se extendían, había cada vez más y más litros de vino circulando. Lo justo, fue cobrar por sospecha, y si a alguien se le ocurriese plantar una hectárea de mas, habrían cobros de por medio haciéndose parte el Ministerio del Interior con su implacable oficina de impuestos. Si bien se especuló que esto perjudicaría a los pequeños productores y cooperativas disminuyendo el consumo, nada de eso ocurrió, ya que parte de la letra chica y a modo de chiste también se podía recular, estableciendo que cualquier persona con un viñedo, podría producir vino, habiendo incluso clausulas que los eximía de la faja tributaria.
Todo presidente democrático o no, ha realizado, heredado o pateado más de alguna vez un artículo o ley en el cual se vea damnificado o potenciado el vino chileno. La única diferencia, es que los antiguos productores de grandes familias, ya no pueden y no acceden con facilidad al poder legislativo con el cual se emparentaban familiar, política y amistocráticamente. Excepciones hay y dejan dudas, como el artículo 261 de 1974 que levanta la prohibición de vinificar con uva de mesa. O el supuesto lobby actual por los vinos de baja graduación alcohólica.

Fuera de esto se da a entender que la regularidad y el conducto político por el cual tiene que atravesar el vino chileno actualmente, es totalmente azaroso, pudiendo jugar en pro y contra sin recibir anestesia previa.
Es parte de la realidad, que el vino a través de la historia legislativa de este país siempre estuvo en ojo de los recaudadores dado su alto consumo. Contrariamente, en nuestros días la situación no es tal, no existen los 50 y tantos litros de enjuague por persona. Pero es la misma historia quien nos dice, que ni las 249 leyes en las que se ha visto involucrado al vino chileno, ni los impuestos ni cobros adicionales de cualquier orden, son el ente directo que ha influido en su consumo y dolo en estos últimos 100 años. No quiero dar una opinión ni anticiparme a los efectos del alza, no es de mi interés dar a conocer curvas ni caprichos de consumo, sólo atenerme a revisar que es algo a lo cual cíclicamente se debería estar acostumbrado, pero ha de ser en esta época de consumo cacareante e hiperconectado, en el cual se ha hecho premonición y juicio repercusivo, de cómo finalmente podría quedar la imagen y el precio del vino chileno.
Creo recordar, que ha sido un solo presidente en la historia, el cual fue promotor indirecto del no consumo ya con impuestos altos: Eduardo Frei Montalva, quien a través de una ley de jornada laboral completa, publicada en el año 1965, suprimió la antigua costumbre de ir a casa, almorzar con vino y volver al trabajo. Para decorar este decreto, se prohibió entre las 4 y 7 de la tarde, el expendio de vino por un año completo, para fomentar e inculcar forzosamente a no apresurarse e ir a beber a la salida del trabajo, sino más bien, ir a casa y cuidar de la familia.
En estos momentos de crisis teóricas, es un descalabro hablar o pronunciarse sobre como hipotética y estrepitosamente lograría incidir en la alicaída fama interna del vino chileno. El asunto en mi opinión ha de ser un poco más simple, creo que nuestro imaginario emblema, ni siquiera tiene fama o puede ostentar de ella, al balancearse y darse el lujo de jugar como un hibrido commodity patrimonial, que finalmente ha logrado figurar y mantenerse en la vitrina por un grupo de subscriptores de una revista, y también, por la absorbente rapidez para digerir cualquier trendsetter. Como ese que logró explicarnos con un viejo luminoso letrero de neón, lo aspiracional que es poder beber espumantes todo el año.
Siempre han sido factores sociales adjuntos y mancomunados los que interfieren y bajan el consumo, como el intento de estratificación por parte de los productores familiares de hace más de 40 años, incitando a beber el vino embotellado por ellos y no el de alcance popular; las persecuciones sanitarias dirigidas; la cancelación de patentes de alcohol; la industrialización de las embotelladoras de cerveza y gaseosas, que permitieron bajar precios y distribuir rápidamente, compitiendo con 40 pesos el litro de Coca-Cola versus los 100 del vino; la masificación de la televisión en 1982, que promovía a través de la publicidad la unión familiar y goce en torno a la cerveza y a la bebida de fantasía, que coincidentemente resultó ser combinable con destilados. Esto, es parte de los tantos detonantes que terminan enterrando el consumo de vino y propagando a cualquier otro bebestible.

Finalmente se escucha que ha de ser una solución y que beberemos menos pero mejor ¿es broma? Recordemos siendo empáticos y apelemos que al menos Santiago, es una ciudad que siempre ha sido comandada por el capricho y urgencia de su bolsillo desconociendo calidad, lo que se bebe y a lo que sabe el liquido es lo de menos, importante es cuánto cuesta. A ese 65% de la población que vive de la oferta y retail, poco le interesa el chip, la cuba, el sentido de origen y el azúcar, sólo, que algo deberá pasar con la carne y su joda colectiva. Tal como lo harían en Francia con los vinos de cinco dólares de Schroeder & Schyler.
Al final y dado que siempre nuestra historia reclama silencio y pasividad ante los hechos, todo seguirá como siempre: lo malo seguirá siéndolo y lo bueno seguira igual, nada cambiará a menos que salga una ley que diga explícitamente, que van cobran por las ganas de beber.

AT
@vinocracia

Alvaro Tello

8 comentarios:

  1. Como lo hablamos por correo, considero que este es el mejor enfoque que he revisado hasta la actualidad. En twitter seguí un tiempo a un par de enólogos que seguramente no estarían de acuerdo, pero que se jodan un rato, sus jefes piensan lo mismo que tu. Excelente base histórica.

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  2. Muchas gracias Juan Pablo.

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  3. MYoarce23:43

    JP me acaba de enviar esto, justamente andábamos buscando algo así, estamos hablando para ver la posibilidad de escribir algo, estamos comunicándonos.

    -pd es cierto, varios de los patrones de los boquiflojos piensan como tu, en el periodo de Lagos, se mutearon en masa.

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  4. claudia chandía00:56

    Al fin alguien entendió todo!!!

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  5. carlitos11:54

    he visto cada comentario de enologos y otros personajes que dan un poquito de pena creo que este mas parece el más aterrzado, me pregunto porque no alegaron cuando Lagos hizo lo mismo

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  6. sole10:46

    gracias Alvaro, nos basamos en tu texto para el articulo de la revista, muchas gracias!

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  7. Gracias a ustedes, Sole, por la cortesía de avisar, el agradecido soy yo.

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  8. sole13:02

    está super bien y centrado, lo revisamos bastante con los periodistas, la opinión de los enólogos no nos sirve y eso que las revisamos por completo, son basadas en una especie de centralismo muy de la doctrina laboral, lamentablemente, esto es un negocio que tranza calidad y terreno, quieran o no quieran, y la proyección del vino a bajo costo seguirá igual, de hecho algunas viñas ya trabajaron en eso, asunto que los enólogos no saben y no tendrían porque saberlo. Apostamos a que el consumo se elevará tal cual sigue.
    Te pasaste!

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