Libro Vinos de Chile, de Harriet Nahrwold.

IMG439[18]Cuando hace aparición algo que suele ser representado justamente como novedoso en el mundo del vino, lo primero que se me viene a la cabeza es preguntarme por qué a nadie se le ocurrió hacerlo antes. Lo que digo no es parte de una acidez o sarcasmo, es simplemente dar cuenta que desde el lado de las publicaciones, no todos están dispuestos a recopilar y dar forma a sus ideas en palabras, más allá del alcance de la crónica exprés. Siendo que el vino está realmente en un sitial –sobre todo en Chile– donde en breves retiros personales se podrían concebir textos a granel.

Tras esto sumo y sigo afirmando lo que alguna vez redacté en una columna: que este es sin duda alguna y dada la gran extensión de diversos medios de comunicación, el mejor momento para conocer y aprender de vinos. La información y puntos de vista logrados por el periodistas y entusiastas han llegado a un punto tal, que se encuentran regados y accesibles por doquier. Pero parte de la anécdota también nos habla del contraste, que desde esa misma rigurosidad y acotada síntesis descriptiva, se logran generar ciertos vacíos.

Saliendo de aquel recoveco, cuando uno se encuentra con un libro como Vinos de Chile, termina haciendo eco el famoso dicho que las palabras e imágenes terminan y son reflejo de la realidad. Y la realidad presente entre las páginas de este libro es un trabajo paciente, delicado y finamente trazado que termina siendo muy digerible página tras página, consiguiendo instantáneamente ser fuente de consulta histórica del progreso y actualidad del vino chileno, recopilando datos que hasta no hace mucho, se encontraban dispersos y obsoletos dentro de las antiguas publicaciones. E insondable ante las ansias de novedad y el instagram que pulula actualmente en portales electrónicos y revistas.

GEDC0443A cambio Vinos de Chile añade intertantos visuales, donde aparece el descanso impreso a través de una exquisita exposición fotográfica (algunas de Matt Wilson) que parece inmutable, sin filtros y que al ojear y avanzar, permite seguir imaginando a largo plazo. Y por que no, dimensionar la magnitud y alcance de un país productor que desconocemos.
Queda ese gustillo e impresión que los viñedos siempre parecen estar ahí para uno.

Me gusta que Harriet Nahrwold, a quien tengo el gusto de conocer, consiga a través de su trabajo poner los pies y las manos en esto, y por sobre todo que haya conseguido proyectarlo en un libro sin rodeos y para el gran público, sin reinterpretaciones densas, donde se logra exponer y agradecer la calidez docente.

Quizás el único defecto de este libro es que no se puede beber.

A.T.

@vinocracia

 

Editorial Contrapunto

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Blog de la autora

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Comentarios

  1. fernando16:49

    tal cual "el único defecto es que no se puede beber" pero uno se lo devora, tremendo librazo

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  2. catalina19:40

    compramelo! en navidad andare por Chile, no lo estoy pidiendo como regalo de navidad pero si me lo regalas te paso mis vin jaune :D

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  3. Listo Cata, te lo compré, después vemos lo de la entrega.

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  4. marce14:06

    lo compré Álvaro, para alguien como yo que esta aprendiendo de los vinos es un tremendo libro, como que se va a quedar ahí inmutable como dices, me gusta!

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  5. M José Bahamonde20:11

    mi abuelo materno fue productor de vinos por muchos años, ahora en su retiro le regalé este libro la semana pasada, para el día de su cumpleaños y realmente se emocionó cuando se acordó de todas las dificultades que ha vivido ya casi 60 años en la industria, el ha visto todo, desde fracasos hasta tremendos éxitos, no tengo el placer de conocer a Harriet, la autora, solo se que hizo un trabajo muy lindo, mis felicitaciones a ella!!

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