Machalí.

IMG409La única forma de obtener una noción o idea de austeridad, es teniendo obviamente un grado de complejidad como contraste. En un principio nada más evidente que eso.

Veamos qué pasa con el cabernet sauvignon.

Metiendo la cabeza en la realidad nacional, me gusta el alzamiento y los vinos no tan simplones. Sin ponernos graves, resulta agradable degustar y regodearse en cierta categoría donde convive el coluvión de Macul con Domus, Lazuli y Tez de Peñalolén; alguno y que otro aporte de viña clásica y medallera, los escapes y salidas de Aristos Duque, e incluso viendo cómo se puede erguir Tres Palacios más allá del Merlot.

Hay otros vinos, que he tenido la oportunidad de probar gracias a algunos entusiasmos adicionales, donde han aparecido vinos como el Zahir de Calyptra (2008) proveniente de Coya, que al final resultan una buena experiencia, tanto como para desterrar algunos mitos del uso de madera y otros referentes a los vinos en condiciones de altura.

Pero siendo esto una arista de la cepa muy clara y formada por el arranque, hay que probar lo que ocurre camino a la periferia por debajo de los quince mil pesos. Lo más probable es dar cuenta que los matices no son tan decidores. El conflicto de presentar un cabernet acompañado por efectos dramáticos publicitarios, funcionales con el portafolio de una viña (al parecer una viña sin cabernet, carece de valor y alcance) consigue tras el apuro difuminar considerablemente el enjuague bucal en boga, llamado «diversidad».

No se puede negar que hay diversidad dentro de cierto contexto geográfico, pero creo, que la diversidad llega a una ser una propuesta poco convincente, al no haber un elemento diferenciador que se manifieste o se haga apreciable en los vinos. En este ámbito, creo nos entró fácil la idea que un ramillete de descriptores producto de un proceso, presentes en una botella y no en otra, es sinónimo de diversidad. Pienso más bien que son el resultado de una receta distinta, que responde a lo que es solamente variedad a escala.

Machalí es un vino al que quiero sacarle letras, por el simple hecho de no encontrarse en la periferia, ni superior ni inferior, es más, creo que es un vino muy sencillo e inclasificable dentro del mercadeo, que sirve para tener una idea de como es el cabernet sin torrefacción y con algo de nitidez, sin la necesidad de justificarse con una tremenda bodega…que en este caso no la tienen.

IMG270Lo que llama la atención es quien se ha hecho la cara visible de este vino, me refiero al sommelier Rodolphe Bordeau, quien ya venía siendo un rostro reconocible por su trabajo y asesoría a viñas que van desde Macul al Limarí, que en esta ocasión, habló de una selección de fruta proveniente de varios micro terrenos en Requinoa, Cachapoal, a unos pocos kilómetros de Rancagua.
Donde he tenido la oportunidad de probar el dramático contraste que existe entre la artesanía y el granel.

Lo primero es tener en claro que este trabajo va continuamente acomodando sus piezas, no siendo una de esas extrañas genialidades instantáneas puestas en una página con medallas a priori. Destacando que el trabajo se dispone desde una actitud diferente, algo que Bordeau define como el simple hecho de hacer un vino sin mirar hacia el lado.

Estas premisas por lo general suenan bien, no me quiero anclar a esto, prefiero dar alcance y respeto a la verticalidad degustando las añadas 2007 y 2008, ambas, con buena tipicidad e intensidad, mejorando su contundencia en boca. Y la mejor a mi gusto, la del 2009, donde la fruta se siente más directa, poca pimienta a cambio de especia muy suave, bien llenador y ágil en boca, incluyendo una acidez más bien ajustada, que de todas formas lo hace conservar el tono fresco acompañado de una tirante rusticidad.

Hay cuestiones que quiero agradecer de antemano. Una de ellas es no poseer ese jodido amargor achocolatado entremezclado con alcohol, que en otros cabernet forma un verdadero taco, como si estuviese tratando de pasar un tanque a orugas por el paladar.

Siguiendo. Bien al dejar fluir ciertos descriptores que pueden prolongar la frescura. Hablamos del famoso mentol. Aunque en esta entrega es mas bien tímido, ya de presentarse es motivo suficiente para sacarle provecho entre mas menos 15 grados, como lo recomienda Bordeau. Que por cierto, lo he visto en Chanchos Deslenguados responder diplomáticamente cuando se hacen demandas y requerimientos hacia este vino. Me gusta esa actitud, de vez en cuando es bueno sacar a pasear al enófilo con copa en mano.

A veces uno se pregunta por qué no aparecen vinos como este, sin encandilamientos marcados por el precio (7 y 8 mil pesos) y el papel cuché, con algo de amabilidad, donde perfectamente podríamos sumar el trabajo de David Marcel y su Maitia, Manuel Moraga con su Burdeo Pipeño o Arnaud Faupin con el carménère Turca. No digo que sea fácil hacerlo, sería de una sobrestimación única exigirlo, pero en esta oportunidad me apego a lo que Rodolphe señala cuando da a entender que no hay excusa para hacer un cabernet mas afable.

Queda pensar, que si esto no ha de ser percibido como algo mínimamente distinto a lo que hay en las góndolas, entonces que me expliquen que significa diversidad sin usar Google o una guía de vinos.

A.T.

@vinocracia

 

 

 

Share:
Designed by OddThemes | Distributed by Blogger Themes