Vendimias con sabor a tierra. Segunda parte: Fiesta de la vendimia del Limarí

IMG_6419El sentido de la territorialidad no es un ejercicio de mezquina apropiación o cercamiento, como se podría interpretar o hacerse evidente en las ciudades como Santiago. Al contrario, en la mal llamada “provincia” es posible comprender como este término se logra transfigurar en conducta, expresándose en cosas tan mínimas como son la pulcritud el cuidado y respeto de los espacios comunes, ahondado incluso, en el modo de sentir puesto en las actividades cotidianas que son representativas de una zona. En lo personal, he podido evidenciar esta práctica dos años consecutivos en lo que corresponde a la ciudad de Ovalle y el resto de las localidades cercanas al Valle del Limarí.

No debería presentar asombro alguno hablar de René Merino y Héctor Rojas; de viña Tamaya y Tabalí respectivamente; quienes mediáticamente hablando, son los personajes (en el buen sentido de la palabra personaje) con los cuales uno puede detenerse y ser espectador de aquel sentido regionalista que habla bastante fuerte desde sus viñedos, pareciendo incluso, sostener bajo su alero a los más silenciosos o quienes de frentón, son parte de un negocio extendido y no están muy involucrados con este cuento del valle.

IMG_6419 (2)Con el poco tiempo recorrido en esto del vino y sin mediar palabras de este tema con ellos, he logrado internalizar este mensaje que habla de la representatividad y lo que esto les ha generado. Muchos creerán que por obviedades estas misivas son producto de que su trabajo da fruto en la zona, pero debo rendir cuentas que este tipo de aseveraciones y sentir, no es muy frecuente oírlo desde otros viñedos…aunque en apariencias se crea lo contrario. Esto de llevar un poco mas allá el tema de la representatividad del terroir es algo que muchas veces queda relegado a ser una cuestión secundaria, en lo personal, este caso, de Héctor y René, me ha hecho cambiar mi perspectiva de cómo ver todo este asunto del vino, logrando ahora empatizar y sostener la idea que las historias personales de sus representantes; la dirección interna de quien dirige o ejecuta; mas el resultado final del vino; es lo que debería también integrarse como parte del gusto personal. El poder tener un acercamiento a ese extraño pero interesante factor humano intangible puesto en el trabajo y en el suelo. Esto extiende la diferencia, enseñandole a uno a tomar distancia de otros cuentos, o bien, aceptándolos sin mediar sorpresa.

 

Ocho tierras y Punitaqui

811 (2)Con Viña Ocho Tierras uno puede presenciar el trabajo progresivo en una viña que está ensayando su cuesta arriba a través de las añadas y cepas. Ahora desde su abocado syrah y su ensamblaje cabernet sauvignon-carménère,  comienza a dar claras muestras del perfil que se está planteando en el valle. No es fácil, tratándose de un barrio donde gran parte de los vinos son bastante figurativos, obteniendo a través del tiempo resultados uniformes. Cuento aparte, fue interesante recorrer sus pequeñas instalaciones con estanques de concreto e historia que se funden casi a pulso, lo cual da un valor agregado aceptando que son vinos muy ajustados a la mano e ideales de quien los produce.

En otro extremo, 814Punitaqui es algo que no suena en pelea de perros. Aún.

Este barrio vitivinícola que se encuentra fuera de las luces y de la atención general, se encuentra a 30 kilómetros de Ovalle, a traves de varias pruebas de sus añadas calidad me pone en una situación bastante tirante. Viña Dabosco, Viña Soler y Viña Aguatierra de James Pryor, son los productores locales que se perfilan y tienen una oportunidad –que dado su origen– podrían mostrarse como grandes exponentes de buena fruta, con intensidad aromática más bien baja y con alcances momentaneos de acidez. Hay buenas añadas que me han dejado una buena impresión, la del 2010 por ejemplo, que dio a Dalbosco un carménère acido y jugoso, y otras, que me gustaría dejar pasar, como la del 2012, donde se hizo notar que esta localidad al sur de Ovalle posee una fragilidad impresionante. Así y todo, el nuevo rosé camenere-syrah de Dalbosco, el apronte de su gran reserva y el Viña Soler cabernet sauvignon-syrah, son vinos que uno deja pendiente para retomarlos y ver cómo se van encaminando, ya que, como lo mencioné anteriormente, hay presencia en algunas botellas de buena acidez y la marca de su fruta. Teniendo en cuenta que son viñas pequeñas que se encumbran en silencio.

El caso de James Pryor y Aguatierra no se me escapa. ¿Qué ocurre si tenemos rica fruta y nos cargamos con la madera?, acá un ejemplo que también deja el hilo tenso para comentarios, ya que por una lado comienza a gustarte pero el letargo de la madera no. Aun así, este vino se planta como lo mas representativo de Punitaqui, a pesar que James Pryor no se pone de acuerdo en decirme cuantos meses lleva de madera.

Resumiendo, las viñas de Punitaqui se encuentran afinando su punto y origen, que por lo demás es bastante delicado, pudiendo llevar los vinos a contrapuntos sorpresivos entre añadas o bien dejando espacios en blanco. Hay que buscar bien. Defecto o no, véanlo ustedes.

 

Feria modelo de Ovalle, Juan Ruilova y su gente

CHEFNo sé por qué jamás se nos había dado la oportunidad de conocer la Feria Modelo de Ovalle. Siempre ha sido fundamental conocer la raíz del mercadeo para tener una percepción de lo que son los productos y alimentación locales, esos que terminan definiendo sentando las bases culinarias colectivas en las cuales se apoya su gente. Esta vez el chef local Juan Ruilova, fue quien hizo de anfitrión, llevándonos a conocer esta realidad dándose el tiempo necesario de explicar a cabalidad, como la feria va a una velocidad y decibel distinto al que estamos acostumbrados en Santiago. Es limpia, ordenada, surtida, sin bulla ni griterío, como si la más mínima alzada de voz fuese a enturbiar el ambiente y el pausado caminar de sus caseros. Hay carencia de malos olores, aglomeraciones y muchedumbre, que en un favorable contraste886288_10200628494371655_896113847_o da la posibilidad de apreciar de manera sobresaliente el surtido de productos, llámese quesos, charqui, frutas, verduras, charcutería, pescados y todo lo necesario donde llama la atención, el casi obsesivo orden del espacio mínimo y común.

Ese mismo día pudimos apreciar la mano de los locatarios de la Feria Modelo, que en las antiguas instalaciones de lo que fue una maestranza ferroviaria, organizaron un almuerzo de mantel largo con preparaciones y productos de la región: reinetas bien condimentados y listas para la fritura, tortillas, churrascas, las siempre añoradas verduras brutas y desteñidas, como el choclo chileno harinoso y de hollejo duro, porotos, papas, tomate a medio verdor por fuera y rojo por dentro, acompañando al comino y la cebolla.

844Juan Ruilova, quien se alista para presentar en la noche un buffet con lo más típico de Limarí y sus alrededores, comenta en su particular y honesta forma de verbalizar –sin protocolizar demasiado– que todo lo expuesto, es el sentido más común del Limarí, la territorialidad, el apego al espacio y la poca improvisación a la hora de mostrarse, incluyendo berrinches y caras impávidas.

Después de todo esto, no me cabe la menor duda que la vendimia de este valle, alberga cierta ingenuidad y sencillez que permite simple y llanamente mostrar lo que se tiene: vinos y comida condimentados con orgullo local.

 

Agradecimientos:

- Vivian Mosnaim, Alejandro Gouhaneh, Juan Ruilova y Felipe Guerrero

Fotografías: archivo personal y Canal del Vino http://www.canaldelvino.cl/

 

A.M.T.

@vinocracia

Share:
Designed by OddThemes | Distributed by Blogger Themes