Vendimia de Casablanca. Conservado el sabor a tierra, de vino y chancho.

_0060958_dDecir que las fiestas de la vendimia son una expresión natural y muy chilena que se encuentran prácticamente bajo el tejido adiposo, viene ya a ser parte de las tantas mitologías festivas que se cultivan. Hablo particularmente de la zona centro sur de Chile.

En realidad lo que ha germinado con evidentes signos de empobrecimiento, es la idea de parques temáticos ‒como nuestro desaparecido Mundo Mágico‒ donde prima una verdadera maqueta de huasos parqué de punta en blanco bajando de la Cherokee o la Cayenne, listos para montarse en tractos animales y saludar a sus autoridades y terratenientes amigos. Esta curiosidad e imposición folclórica, acontece en absoluto contraste con las rancheras y la cerveza que se bebe cuadras más abajo, que es a mi juicio, es la expresión más evidente de que nuestras pretensiones no son la realidad palpable. Incluso en las zonas consideradas de “alta concentración de chilenidad”, las pizzerías y la comida peruana llegaron a amalgamar el sentido patrio con alta aceptación por parte de sus habitantes. Lo cual encuentro excelente, es más, haciendo una pasada de preguntas por Santa Cruz, nadie se esfuerza en recordar el nombre de algún chef de cocina chilena en la zona. Y no toman tanto vino como se piensa.

Dentro del contexto poco provocativo que genera esto; en un despliegue de constante ambiguedad, coexisten dos tipos de vendimias sureñas, una para el periodismo, llena de vinos, recepciones y banquetes de mantel blanco; y la fiesta popular, esa que se informa paralelamente en programas de cotilleo, donde los verdaderos ganadores de la excusa esa del vino, son los periodistas de espectáculos y los chicos hormonalmente anabolizados. ¿Y del vino?, las pelotas.

Con este panorama uno piensa que todo se va a pérdida. Ante eso, quiero retomar la frase de una promoción en un galpón cuequero en Santiago: Aún queda suelo, revuelto pero queda.

Quiero destacar dos vendimias que son verdaderamente de tierra, de esas donde uno se puede zambullir sin falsas pretensiones y espectáculo, dos celebraciones que son verdaderos convite anacrónicos tanto en Casablanca como en el Limarí, revelando estas dos, la representación más fiel posible de un nexo vertical que refuerza la idea del vino, la gente y su sencilla e ingenua realidad. Acá se puede hablar de tierra sin que vengan a encandilar los focos.

Casablanca

No hay levantamiento de afectos entre Casablanca y sus vecinas ciudades portuarias y de recreo, nada de eso. El sentido de territorialidad que poseen sus habitantes les permite hablar sin problemas de sus beneficios como pueblo así como de sus desavenencias, un ejemplo de esto, es el eterno anticuerpo de un lugar donde la bonanza económica ha andado de paso y ha desapareciendo con la misma facilidad que llega. El progreso es esquivo y recuerda el rastro de la industria automotriz, las tabacalera, la forestal y algún paso y recaudación de sus habitantes por el puerto de Valparaíso. Esto del vino como dicen ellos, genera trabajo, pero no es lo más importante en términos económicos, pero si la alternativa de poder ofrecer y reconocerse como algo más que un simple “pueblo” que adorna la carretera hacia Valparaíso, donde también ha llegado la gula territorial de las parcelas de agrado.

IMG00328Sin embrollos se puede decir que Casablanca es una realidad de vino y chancho, parece un extracto agrícola sureño tradicional con vista al mar –que no se ve– y que no extraña la antigua riqueza culinaria de mar y tierra gracias a la ahora inexistente pesca artesanal. En Casablanca es más asequible comer carne cerdo que pescado, y al parecer, lo único que viene del mar son buses y camiones llenos de conteiner.

Dentro del ir y venir de reformas y costumbres, la fiesta de la vendimia parece concentrar toda la supuesta realidad: a un costado de la plaza de armas las 16 viñas mostrando parte de su portafolio, donde el pinot Noir y el sauvignon blanc siguen siendo caballo de batalla; y al lado opuesto de la plaza, las carnicerías y puestos de comidas con vitrinas decoradas de perniles, arrollados, queso cabeza, longanizas, mucho ají y empanadas, en la cual e inclusive, hay atrevimiento para ofrecer una especie de ceviche de cochayuyo. Es un tema el del bolsillo y los precios, desde la bien llamada cifra módica, presenta verdaderas oportunidades y beneficios para esas mermas etílicas que terminan despertando el hambre. Todo muy asequible, no tengo nada que decir al respecto.

IMG00344Si hablamos de vinos, tal como ocurrió en la Fiesta del Pinot Noir, se comienza a advertir claramente las tendencias y hacia donde quiere ir el paladar; es que en verdad, con todo ese paredón de botellas la masa se dirige sola y uno puede sacar el limpio que entre neófitos y conocedores hay ciertos alcances. No hay que ser catedrático ni especialista para constatar que la distancia marcada por Bodegas Re y Loma Larga, que transcurrida la vendimia se hacia evidente. Inevitable no quedarse pegado entre el Pinotel y el Chardonnoir, que sin duda alguna, fue lo mejor y más fresco de la muestra. Inclusive, quiero declarar algo de asombro al poner atención a los susurros que hacen advertencia de bebedores ocasionales, hablando de otros vinos con maderas pesadas y aletargantes, como si hubiese información previa, o quizás, algún crítico subliminalmente los esté mal acostumbrando a no someterse a aquellas 'des' virtudes pasadas. (¿Aun creen que nadie lee sobre vinos?)

IMG00325Otro viña para destacar es Lomas del Valle. Si bien se muestran menos sociables que el resto (faltó Cédric en el stand) han tenido con su hermana Loma Larga un buen alcance, y quizás, esta fue la instancia para mostrar algo complementario a toda la gama tradicional. Dentro de ese contexto, Quinteto 2012 se ganó por parte de los que íbamos buenos comentarios. Un vino que se hace difícil de definir entendiendo que probamos más de una treintena de botellas.

Curiosidad citadina y una pizca de olvido, logran sorprender ante el hecho que después de las cinco de la tarde la plaza se repleta de gente, todavía se respira en el aire las sagradas siestas a pata suelta y su despertar con sed y hambre.

Esta fue una vendimia sin una guía o programa para llevar a cabo, es mejor dejar que todo fluya y ver como uno mismo logra desenvolverse sin tener que elaborar una lista de jerigonzas para describir lo que fue estar en ese mínimo espacio de la plaza de armas, sin nada más que disfrutar este asunto con mucho vino, mucho chancho y buenos amigos.

 

La segunda entrega, Vendimia de Ovalle, Limarí

A.M.T.

@Vinocracia

Comentarios

  1. sebastian01:20

    una de las buenas vendimias, simple, correcta y abundante, como que no se pierde el tiempo

    ResponderEliminar
  2. cata09:32

    no fue difícil darse cuenta cuales andan mas o menos siguen pegados con el temita de la madera, aun creen que el pinot es cabernet, sobrecargados al maximo. lomas del valle va bien, no me gusta mucho su pinot va por una linea comercial que en apariencias te da a entender lo contrario, es fome, el quinteto no lo he probado, lo de bodegas re son increibles, da alegria que los amantes de la acidez estemos encontrando mas elementos como este.

    buena columna, pero masacraste a las vendimias del sur lo cual comparto en parte, te encuentras con medio sqp en ellas y en intrusos de la red

    ResponderEliminar

Publicar un comentario