Kutman Cinsault, ¿qué es el vino turco?

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Detrás de la forma de quien se eleva a hacer comentarios, hay elementos muy relevantes. Antojadizamente reviso todo lo que puedo, y creo que he logrado con el tiempo extraer algo interesante. Cada uno de esos arranques y vilipendios los he llegado a asimilar como un llamado a completar la oración, donde lo único que falta es corroborar y poner las cosas en una perspectiva correcta. O casi correcta.

Ya antes he recibido comentarios extraños e indefinibles acerca de los vinos turcos, donde al parecer, no hay acuerdo. Fue en una degustación en el valle de Casablanca, donde recuerdo haber celebrado con un grupo de amigos una degustación y la último avinagrado debate de cuál es la realidad de los vinos de Turquía.

Voy a extraer y resumir el problema de un país que se encuentra bajo un gobierno que se cruza geopolíticamente entre la religión, las libertades propias y el constante reniegue a la cultura europea.

Lo primero es decir que el vino turco, gran parte de las veces, logra sacudir al paladar de una forma cargante y brutal, y es aquí donde el brett también ha fundado su merito aparte. Pero como he dicho en más de alguna ocasión, el travestismo en esto del vino es de una frecuencia insuperable, ya que hay una vuelta que dar al siguiente comentario.

Con una producción de casi tres millones y medio de toneladas de uvas, sólo se destina el 3% o 5% para la producción de vino, el resto son pasas y uva fresca. Tras ridículas restricciones para producirlo e incluso exportarlo y con un desarme arancelario funesto para la bebida; son las grandes empresas quienes pueden sostener la producción que por ley, exige que el mínimo sea de 700 mil litros por cada productor. Si la opción fuese importarlo, es otro problema. La cantidad de impuestos y valores agregados lo hace inalcanzable, hablemos de 80 a 160 dólares promedio por copa. Así y todo el vino granel chileno ya ha llegado por estas tierras. (Discutamos esto otro día)

Para mantener el control político y social de un bien de consumo que “embriaga”, el gobierno crea un organismo llamado Tekel, que regula el monopolio y toda aproximación de comercio y producción de bebidas alcohólicas. Es aquí donde la noble bebida sufre las consecuencias de extremas regulaciones. Al visitar Estambul, las únicas etiquetas que se multiplican son Doluca, Kavaklidere, Pamukkale, Sevilen y Kayra, esta última propiedad del estado. Acentuemos las contrariedades, si destacamos que varias de estas viñas o marcas comerciales, poseen vinos clones, vale decir, crean otras etiquetas con los mismos vinos para intentar saturar el consumo en las áreas y perímetros turísticos. Todo eso fundamentado por el organismo regulador.

Pero en este país el exceso de rigor ante una regulación deja espacios en blanco; las D.O. no se conocen ni se controlan. Es bastante complicado el tratar de escudriñar vinos de origen, donde incluso, un gran productor tiene doce marcas distintas circulando en Estambul y Anatolia, con los mismos vinos de la marca insignia. Es un error, por ejemplo, pedir en un mismo lugar tres botellas diferentes de variedad Kalecik Karası, ya que lo más probable es que sean del mismo productor y hayan descansado en el mismo estanque de concreto.

Con todo este desbarajuste se hace necesario mencionar los oxidados artefactos que han reutilizado, que datan de cuando no existía un corte religioso moderado como hoy. Cuestión que aseguran se está revirtiendo. Con este panorama y sumando la falta de proyección, referentes e intercambio tras pausas de producción intermitentes, no he de extrañarme con los coléricos comentarios que puedan salir al paso sobre la calidad de estos vinos.

Esto se leerá rebuscado, pero voy a tratar de mirar por debajo del vestido, ya que existe otra realidad para convocar este cinsault turco.

En Turquía conviven unos 310 pequeños productores que salen de estos bandos supuestamente monopólicos, y otros que se incluyen en ellos vendiendo fruta o granel, que si bien no hacen causa común con su manejor comercial, algunos han logrado exportar con algo de decoro y amor propio buenos vinos al resto de Europa, agregando el condimento necesario que esta comidilla necesita. Quiero hacer acuso de mi desencanto al percatarme que en Turquía, no se sabe ni se ha hecho propaganda de lo virtuoso y llamativo que puede ser un productor a escala “razonable”, motivo por la cual nadie se percata de esta realidad.

1En las costas de Mármara, Mürefte, Adnan Kutman y sus hijos, reemprenden en las treinta hectáreas del negocio familiar que lleva cien años frente a las mismas costas del Marmara. Si bien, éste reclama que el vino turco carece de una calidad por la mala inversión en tecnología y el poder compararse y aprender de otras realidades; el decide y aboca su producción a métodos que se anclaron en su familia, haciendo hincapié en la relación cantidad, calidad e higiene, este último, como factor de ingreso tecnológico. Incluso en algunos casos se pueden visitar las instalaciones para ayudar a despalillar y aplastar en forma artesanal algunas uvas, siendo una función para turistas que gozan del terroir. Turcos.

La variedad de cepas que Kutman maneja directamente en sus tierras y en otras de uva por pago, no presentan novedad aparente frente a los grandes productores, esto dada la excesiva cantidad de cepas que prevalecen en Turquía. Al ser pasadizo y barrera de Eurasia, esta zona presenta una fuente viva de arqueología vinífera donde prevalecen más de mil variedades (según Tekel).

De la mano de Kutman y sus hijos se destacan algunas clásicas como el Syrah, Cabernet Sauvignon, Sauvignon Blanc el Gamay, Cinsault; las indígenas Öküzgözü, Boğazkere; sumando a estos los blancos de Semillon y la local Sultaniye.

Escogí el Cinsault simplemente porque no creo y no veo cepa conocida a la cual puedan relacionar la Öküzgözü y Boğazkere, que en algunos casos probarlos han sido una desastrosa experiencia.

La principal característica de Murefte es producir vinos levemente salobres, y fruta muy concentrada con bajos niveles de acidez, este Cinsault es todo eso. Algo que Kutman gesta con orgullo, es ir por mitades, teniendo siempre dos alternativas de la misma cepa con y sin madera. En ausencia de esta, es curioso encontrarse con aromas que no son para nada agradables, hay un leve aroma a rancio que parece mierda en su interior, pero que tras unos breves minutos desaparece cediendo un aroma con una sensación vegetal y húmeda. Según lo que he conversado, al parecer el remontaje no es su especialidad, tratan de conservar la técnica heredada no importando la presencia de suciedad en nariz.

Turbio en copa, muy suave en paladar pero algo apagado, me hubiese gustado que el vino se hubiese encendido un poco más con el tema de la frescura, no cosechan anticipadamente y se rigen por el ciclo lunar no importando el estado de las bayas, importa solo la fecha. Aun así, la naturalidad de este jugo con ese pequeño y momentáneo aroma rancio, me resulta muy agradable, es un vino bruto. Me recordó a los vinos de tinaja de los alrededores de Huelquén, a cuyos señores hacedores, no se les pasó jamás por la cabeza el remontar.

Para finalizar. Me llama la atención la carencia de sensibilidad trágica de los “pequeños” productores de vino turco, les importa un carajo crear expectativas mientras algo se pueda vender.

Quien dice que el vino no es el reflejo de las condiciones sociales de un país parece estar equivocado, al menos este ejemplo de Turquía me dice lo contrario. Sin cuestionar la dinámica de producción de los vinos de hoy, ya sabemos que está hecho por personas que obedecen a patrones académicos, algunos sin oponer mucha resistencia y que engarzan en un modelo perfecto. Hay que dejar de lado esos patrones así como aquellos factores que nos desnaturalizan el origen, incluyendo esos que se mueve entre la cabeza y los pies y que se encuentra justo en el bolsillo.

 

Alvaro

@Vinocracia

Alvaro Tello

7 comentarios:

  1. Gian23:37

    y bien malos que son y atento a los que van en los cruceros por estambul que mejor tomen raki, pero el vino es malisimo que mejor compren en dinamarca o alemania de viñas turcas chicas

    salu2 alvaro

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  2. Este vino fue comprado en Dinamarca, de haberlo comprado en Turquía hubiese costado el cuádruple.

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  3. sole11:16

    para que vaya anotando un problemita mas, no sabes lo complicado que es trasladarse de un lugar a otro en turquia, ira a murefte y despues a estambul es mejor que ni se te ocurra, te lo venden por mar que es lo logico y no por tierra solo para encarecer la cuestion, lo otros vinos que probe son los de sarkoy ahi me acuerdo de un espumante que no estaba nada de mal era un cameo doro pero ese de uno de los grandes, si puedes compra en europa los vinos del pequeño prod. Gulor, vende unos saraplanes de sangiovese montepulciano del terror! (:

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  4. Sole, siempre he querido probar ese espumante, los vinos de Gulor también, aunque estos quizás no gozan de buena fama, lo que podría atribuirse a un manejo de marketing y ventas algo precarias. Creo que me faltan vidas para degustar todo lo que quiero.

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  5. Rachmat11:21

    No estoy de acuerdo con siempre probar raki en Estambul, aburre fácilmente, si el problema esta en que hay que salir de la ciudad para encontrar cosas inmteresantes, pero no todos los vinos son tan desagradables, lo que pasa es que se trabaja muy desordenadamente y las asesorías que llegaron a las bodegas caminan muy lento.
    Ahora eso de del pequeño productor lo comparto mucho, pero también hay pequeños productores que no hacen tan bien las cosas, en ese contraste se vive y cuesta encontrar identidad en el vino, por que lo que ees nuestra cultura la tenemos muy determinada de siglos.

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  6. feña12:17

    putas que escribi lindo weon

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  7. Pancha Tapia13:34

    el año pasado viajamos a estambul y ninguna maravilla los vinos pero cuando entramos a la periferia de la ciudad ahí encontramos vinos artesanales que son exquisitos y muy ricos!

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