Domaine de Saint Just, Crémant de Loire Rosé.

DOMAINE

Dejando de esconder la cabeza en el suelo, hay que comenzar a reconocer y examinar la incipiente llegada de vinos extranjeros a suelo chileno. No se exagera al decir que las cantidades disponibles en estos últimos dos años no han sido menores. Esto no representa una caricatura preventiva o alarmante de mi parte, es una realidad y un pésame para el mercado, pero una buena nueva muy beneficiosa para el bebedor.

Los vinos con carbónico de Francia que se encuentran en una D.O. fuera del marketing exagerado, atacan por dos frentes. El primero, es comercial. Y no lo comercial en cuanto a volumen, sí en lo que respecta como se enfrentan en valor, que al momento de compararlos con los nacionales, dejan sembrada la duda final de qué estamos realmente pagando por una botella. Un Saint Just cuesta doce mil pesos, versus los catorce mil de un espumante de “alta gama” coterráneo. Ambos de calidad no discutible.

El segundo ataque –y el que menos me incumbe– responde a los ejes aspiracionales que rodean a comprar “algo”, que es netamente de origen francés. Sin comentarios.    

Si bien se despierta el sentido a nuevas interpretaciones, experiencias y realidades buenas y malas, no dejo de pensar que detrás de estos vinos también existe la justificación e historia de un productor, que quizás, al insertarse en la realidad del paladar chileno, pueda dar como resultado no entender el trabajo o motivación, sea cual sea.

Se habla de una llamada generación perdida donde hijos y familiares de pequeños y grandes productores franceses, no tuvieron interés en seguir tradiciones por considerarlas poco rentables o engorrosas. El fallecido Yves Lambert, contrariamente a lo anterior, perteneció a esa generación intermedia de profesionales proveniente de otros rubros, que toman económicamente las riendas y el atractivo de hacer vinos en distintas localidades de Francia. Comprando instalaciones completas.

En el Loire, distrito de Saumur, más específicamente en Sain-Just sur Dive, jugando en un comienzo con la variedad de suelos de esta localidad, Yves Lambert comienza a explorar la forma clásica y tradicional de hacer vinos en la zona, que un principio supone ser un productor más sin distanciarse del resto que probablemente hace lo mismo.

En un acuerdo de explotación de suelo en partes iguales con el Conde de Colbert de Chateau de Brézé, se inicia la recolección de éste y otros viñedos con el solo objetivo de identificarse, como un productor de vinos suaves y delicados en paladar, que a su vez, sean de gran concentración y fieles exponentes de su suelo. Obviedades y premisas galas que también se leen por acá, nada nuevo.

CREMANT LOIRESe extienden en total cuarenta hectáreas para el crémant y, es acá donde Domaine de Saint Just comienza a ser atractivo. En vez de orientarse a suelos calcáreos ‒que los hay‒ seleccionaron aquellos de arena y arcilla, donde también hacen fuga de los tradicionales blancos de Loire, para contrariamente hacer una exótica mezcla rosé de cabernet sauvignon y cabernet franc en partes iguales. Definitivamente no es un crémant que va por el tradicional chenin de Loire, aunque en su portafolio se puede extraer uno.

El resultado es un vino de buena integración con el carbónico, suave y con bastante presencia de fruta roja similar a la frambuesa, sin ser cargante ni una obviedad, es un suave condimento. Para el amante de la acidez, mineralidad y esas modas descriptoras, pueden olvidarse de ello y pasar a un ingenuo positivismo. Este crémant maneja y presenta términos medios en todo sentido, tanto en su valores de acidez como en sus persistentes notas de crianza tras su guarda de dos a tres años; proporcionando a cambio, una cremosidad que la hace muy dócil en boca. Ahora su frescor es muy interesante y llama a preguntar el por qué la elección de cepas y de suelo, que pudo haberse elevado a algo más complejo en la propiedad vecina de Saint Cyr. La respuesta y explicación no merece mayor análisis. Esta es la dirección que su productor quiso darle. El propósito de ser un vino de entrada y no restarle protagonismo al aperitivo, que fuese solo un complemento, es la idea y concepción de su fallecido interprete y que ahora lo continua su hijo. Una idea que se ajusta a la realidad de su suelo y recursos sin hacer pretensiones de nada.

Esto es entender de lo que se dispone, direccionar y concentrar el trabajo repitiéndolo tantas veces como sea posible.

Una diferencia radical al afán material que vemos en mayoría de los casos, donde se arma una flota de cepas y botellas, en la cual, sólo nos queda la hipótesis del mejor vino o el más convincente por descarte.

No se puede hacer interpretación de las necesidades ajenas, pero si del resultado de ellas, y es acá donde estoy convencido que tiene que existir la inquietud de dar conocer el trabajo en fondo y forma. Como leí en un blog, tampoco se trata que el carnicero nos dé la biografía de la vaca para saber si esta es buena. Esto es sólo vino, esto es sólo cultura y es sólo un alimento más en la mesa, se lee y suena fácil, pero vaya que es difícil que otros lo entiendan.

Quizás tampoco sea necesario.

A.T.

@Vinocracia


 

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