Undurraga 1980 (?) y Dom Perignon 1980 - ¿Qué ocurrió con los espumantes chilenos?

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No es sorpresa que tras la toma de poder de Augusto Pinochet en 1973,  desapareció por parte de los productores familiares de vino el miedo a la expropiación agrícola acompañada del siempre incierto auge sindical, que no dudaron en boicotear a modo de presión, el total de la cadena productiva del vino. Estos hechos acontecían, cuando Salvador Allende había dado garantías de no tocar las viñas al ser estas, empresas que representaban cierto prestigio e impulso para al país. 

Posterior al derrocamiento, comienza en 1974 un a darse un sinumero extenso de reformas que termina por abolir la ley 6179 (conocida como la ley de 1938) e impone decretos de fuerza de ley para que los productores puedan usar la uva de mesa. Así, comenzaba una nueva época de libertades para los viñateros y para otros –como ya sabemos– restricciones y demases.

Siendo este el limitado panorama posterior a los setentas, lo lógico era que esos millones de litros que ya no fueron recortados fuesen destinados al consumo interno, lo que obligó a instalar con cierta facilidad botellas y chuicos de vino en la mesa familiar y las cantinas de barrio. Los raudales de vino fueron absorbidos por una entonces irreconocible clase media sin cuestionamiento de por medio, ya que en gran parte de la barriada el kilo de pan costaba prácticamente lo mismo que un litro de vino.

En el caso de los espumantes y recabando antecedentes, existieron dos que son de nulo conocimiento y a los cuales me ha costado bastante seguirles la pista: el tinto que alguna vez produjo Viña Ochagavía, y el Undurraga gran demi sec, del cual corría el interesante mito que contenía pinot noir, algo que era totalmente imposible, sabiendo que en esa década no existían oficialmente plantaciones de dicha cepa.

Por un accidente –muy afortunado– logré conseguir en una antigua botillería en la comuna de La Reina, dos botellas de Undurraga gran demi sec. Una, lamentablemente en mal estado. Sin embargo el segundo ejemplar se encontraba en condiciones de guarda excepcionales: temperatura baja, muy poca humedad y fuera de cualquier foco de luz natural.

Para hacer mas interesante la degustación, lo equiparamos con varios champagne del ochenta y algunos espumantes nacionales del noventa, siendo este Undurraga, el ejemplar chileno más antiguo que he conseguido probar y se haya mantenido en optimas condiciones.

2 No quepa duda que estos dos vinos son diametralmente opuestos e imposibles de comparar entre si, dado su origen y proceso, teniendo sólo algo en común: la inusitada calidad y buena estructura que mantienen a pesar de el tiempo transcurrido. En el caso del chileno, la sobrevivencia prolongada es algo atípico, que deja muchas e interrogantes al cabo de la prueba.

Tiendo a pensar en una cosecha adelantada con bastante acidez, de la cual aún hay rastros complementándose con una elevada, pero muy bien llevada oxidación, que claramente no es de pinot noir. Quizás en sus orígenes fuese algo incomprendido, no era muy común mezclar vinos ácidos con una buena cantidad de azúcar residual. Independiente de la oxidación natural que se da en estos vinos, hay dejos rancios, polvorientos y algo similar al arrope, sin aromas parásitos de otro tipo. Notable es el toque a plátano (banana) maduro, una estructura oleosa y densa. Con muy poca espuma y tímidas burbujas destacando su brillantez en copa y un poco atractivo color amarillo ocre. A pesar que todo esto suene denso y casi infecto, el espumante se fue por el camino similar a un ciclo plenitude. Logro sobrevivir muy bien en la bodega de la botillería. Pienso que perfectamente se podría parar ante las veteranas champagne sin ningún problema.

1En tanto Dom Perignon –que no es de mis favoritos al encontrarse muy sobrevalorado por la publicidad– conserva notas minerales oxidadas muy potentes, polvorientas que sugieren algo de té, hierba húmeda y rancia. Sin duda el efecto (o defecto) de la oxidación mas apetecido, característico y virtuoso para el paladar galo. Bien, no es liviana como el champagne posterior al noventa, a cambio cede cuerpo y una suave astringencia, tiene una acidez leve, incluso hay cierta nota de miel y las notas de crianza aún son perceptibles, pero con resabios a ropa vieja. Es un champagne que evoluciona y muestra distintas capas, pero de una madurez mejor llevada que la anterior. No es novedad que Krug, Deutz y Dom Perignon, han basado su marketing en crear champagne para envejecimiento extenso para su posterior reventas de añada en manos de los merchants. Esto es una muestra más de aquello.

Ahora mi pregunta es: ¿en qué momento hacíamos espumantes así, que pudiesen adquirir y mostrar notas de madurez, similares a un champagne 30 años más tarde?

Me ha tocado degustar espumantes chilenos de 1987, 1990, 1994, 1995 y 2000; que avanzando en los años de cosecha, van en picada con los  niveles de acidez pronunciado el amargor, que en conjunto con alguna mala medición en la dosificación de azúcar, terminaron por quedar insoportable. Inevitable no recordar la Saint Morillon de Valdivieso.

El punto es que a larga terminan dando un claro testimonio que definitivamente algo en el proceso cambió, que no permite que el vino avance correctamente.

Es bueno hacer aserción de productos como este. Que obviamente antecedieron a nuestro protagonismo como país productor. Protagonismo que parece una patología terminal cada vez que la cosecha de medallas no ha sido abundante, o se restringen al mínimo las menciones en las publicaciones del escritor de turno. Quizás sea por nuestra herencia judeocristiana, donde nuestro sufrimiento tarde o temprano nos llevara a la redención y reconocimiento. Pero que al parecer, a la vieja escuela no le importaba demasiado, todo era trabajo por sobre trabajo.

A veces creo que nuestros espumantes nacionales llegan a ser escleróticos y frágiles o demasiado explosivos y oxidados en corto tiempo. En nuestro intento de proyección internacional algo siempre nos juega en contra. Siendo al  final tres factores que nos pasan la cuenta.

El primero es la ausencia de un megarelato, cuento u otra epopeya creíble, donde el terroir signifique reconocimiento u origen y aquí, todos los valles han fracasado. Basta recordar cuando un enólogo sobredimensionaba para tales efectos Casablanca ¿y? ¿cuántos espumantes han salido de allí?

Lo otro es creer, que las cifras chorreantes de exportación, de uva, de botellas, grandes hectáreas y todo lo que sea cuantificable –incluso medallas– crea de por sí una imagen positiva para crear un buen vino o espumante, pero según mi punto de vista, eso, no es valor para crear imagen-país con substancia, estas variables, no son generadores de cultura. Quiéranlo o no, es un motor importante.

Siguiendo con esto, los generadores de cultura. Tomémonos en serio el alma del país. Suena majadero, y cursi, pero el triunfo de los grandes productores de vinos y espumante –esos con DO–  se basa en tomar en cuenta la real dimensión del país. Donde están puestos sus pies y echando raíces sus plantas. No crear un elefante blanco de precios bajos. Nos pasa la cuenta la falta de pericia ya al parecer, hemos perdido el libreto.

A.T.

@Vinocracia

 

Acotaciones:

- La botillería del Pueblito de La Reina estaba ubicada en Nicanor Plaza con Carlos Silva Vildosola.

- El precio de las dos botellas de espumante Undurraga era de 2 mil pesos cada una.

- Una de las botellas estaba en malas condiciones al quedarse en pie, la otra se conservo en excelentes condiciones al acostada en una estantería interior al lado de los congeladores y con buena humedad ambiente.

- Solo se puede estimar la data de la botella. El locatario, según su versión, compro las botellas en 1980 al inaugurar su local. Por mi parte envié un mail a Undurraga para averiguar una posible data, no recibiendo respuesta.

Comentarios

  1. compadre tremendo post, esto lo hace por hobby?

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  2. Olea09:17

    Que buen traslado al pasado Alvaro, como no recordar la tinta de Ochagavía, las "champañas chillanejas", las de Santa Catalina de País, todas un lujo.
    buen tema estimado!

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  3. marcial10:57

    Hay un tema que me gustaría discutir, como puede ser que un espumante nortino de Pedro Jiménez sea similar a uno de Casablanca de Pinot y Chardonnay. Ahí es donde entiendo y te cacho perfectamente a donde apuntas, heterogeneidad. Pésimo!!
    Argetina en cambio tiene a Lujan y Tupungato, pero si te das cuenta todos muy diferentes entre si, malos y muy buenos, pero diferentes.
    Ahora champagne un granm tema, norte, sur y los cru son todos muy diferentes, y dan vinos que no te parecen todos iguales, entonces aqui es donde encuentro la razon en valorar el suelo y buscar imagen y no hacer espumantes por hacerlos, ejemplos sobran, Morandé, Viñamar, Casa Silva, Valdivieso, Concha y Toro y Undurraga, una canción repetida y todos los años lo mismo.
    El único que salio fuera de la norma y con creces ha sido Tamaya.

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  4. Marcial, estoy de acuerdo con lo que dices de Tamaya, no se si has probado el de Calyptra, otro buen exponente nacional que tengo dentro de los imperdibles.
    Con respecto a los otros espumantes que mencionas, hay un tema que va por la acidez en el vino base, esto quizás hace que se abra muy poco y decantar en estos casos es imposible, a menos que se haga una degustación tipo chef de cave. Creo también en la gran diferencia de hacer un vino pensado para espumante y otro que se hace con los sobrantes o los mismos vinos reserva estándar.
    El tema da para largo y me aburre escribir tanto de lo mismo.

    saludos.

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  5. No me había dado cuenta Olea de tu post, ¿pero sabes?, la Santa Catalina para mi paladar es bastante mala y no vendría siendo por lo menos para mi persona, como un prospecto e idea de lujo. Es mas, masticar una cascara de limón se acerca a la experiencia de beberla...y es Sauvignon Blanc con extra azúcar.
    Por los de las chillanejas, en mi familia salió el tema, al igual que de la Ochagavia, pero al parecer no hay vestigios siquiera de alguna botella que demuestre que se hicieron, sólo la experiencia de personas que tengan más de 80 años y que hayan vivido en Santiago centro poniente, desde la Qta. Normal hasta panamericana. O sea, si es que no están muertos, no lo recuerdan.
    Saludos.

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  6. Sofia19:50

    La Dom Perignon mas antigua que he probado es del año 85.
    Un fuerte aroma gaseoso como a trufa que en realidad fue insoportable, no fue una agradable experiencia como la de vos.
    Quizás tuvimos que haberla dejado airear un poco. Pero las de noventa en adelante están divinas, cosa de gusto creo yo.

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  7. Hola Sofia. He encontrado algunas del noventa con similar aroma gaseoso como lo defines, tanto en Dom Perignon, Baillet y Chanoine. Por lo general ocurre cuando por accidente u otro factor son expuestas a una alta temperatura. Ahora si es gaseoso como a huevo podrido o azufre, en particular, nadie me ha sabido responder bien que es, y lo tengo pendiente de averiguar.

    Saludos.

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  8. Excelente nota Alvaro, bueno como siempre;-) me gusta tu estilo de investigacion que ensambla historia, antropologia, cata y analisis. Eres como un arqueologo de la vitivinicultura!! Habra que estar pendiente del espumoso de Tabali tambien. OJO aqui el suelo, al igual que en Tamaya, tiene mucho que explicar.
    Saludos desde las vacaciones playeras

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