Bedeau, Domaine de Chassorney. De la leche al vino en unos pocos pasos.

BEDEAU1En las cercanías de la L'eglise de Corpeau, se ubica un viñedo cuyo tamaño desde un comienzo no sugiere nada del el otro mundo. Más que una plantación de pequeñas y toscas plantas de pinot noir, de las cuales se podría extraer un borgoñés genérico de bajo precio. Pero esta pequeña plantación cobra un valor muy especial bajo la mano de Frédéric Cossard, quien con cierto tino y siendo arrastrado por toda esa vertiente de vinos naturales (que en teoría recuerdan al “vino de los abuelos”) inicia a mediados de los noventa el proyecto conocido como Domaine de Chassorney.

Quizás puedan antelar que hablaré de otro loco más que sigue ciclos lunares o que aborrece el SO2 y que tiene una devoción y culto incondicional a la madre tierra…pues sí, de eso trata, más o menos.

Frédéric Cossard es un empresario que fue puesto en una escuela agrícola por decisión de su padre, condicionándolo a trabajar por más de diez años en la comercialización de lácteos y además, algunos corretajes de productos agrícolas. Sin embargo, Cossard parece vivir las consecuencias de un punto de giro similar al resto de sus pares viñateros “naturales” (por no decir que muchos coindicen en el mismo discurso) y es que tras frecuentas paradas y conversaciones con productores de Chablis y Beaujolais, dio cuenta de la poca o nula concordancia con los antiguos vinos que producía su abuelo, en una media hectárea en pleno cantón de Nolay, Côte-d'Or.

La travesía de Cossard es extraordinaria. Después de buscar sin éxito inversores y créditos –y al no ser descendiente de viñatero conocido– se dedica al corretaje de uvas en Saint Romain y varios pueblos que se encuentran en el limite de varias denominaciones de origen.

BEDEAU2Establece su bodega y centro de operaciones en lo que fue un antiguo y lúgubre criadero de cerdos. Posterior a su limpieza y puesta en marcha, comienza a desarrollar su propio método buscando si las técnicas de su paso por la escuela agrícola, podrían incorporarse a su nuevo oficio, hacer vino.

Como se puede suponer o saber, la industria lechera pone especial énfasis en los temas referentes a crear un ambiente lo más aséptico posible. Esta, es el camino por donde Cossard entra y comienza a combinar ambos mundos, utilizando equipos de esterilización que intercambian ozono evitando utilizar SO2, no alterando la composición del vino y eliminando todo posibles focos de contaminación, tanto en depósitos de guarda como de embotellado.

Lo del tratamiento del ozono, me gustaría dejarlo en puntos suspensivos y no dar mi punto de vista, ya que se demuestra y aclara en publicaciones que funciona hasta cierto punto, existiendo en cada prueba de la cual se hacen estudios, perdidas considerables de vino.

Más allá de la higiene y de lo que el considera viticultura “homeopática” y no biodinámica, Cossard destaca al haber logrado un buen balance entre sus vinos que vienen de la maceración carbónica, eliminando o dejando rastros mínimos de aquellas notas terrosas que en tantas ocasiones opaca a la fruta y tiende a homogeneizar este tipo de vinos. Cossard encontró la solución cediéndole al vino privilegios de guarda. Su paso por barricas de primer y hasta tercer uso va desde los doce hasta los quince meses. En el caso de “Bigotes”, otro vino de su portafolio, este va directamente a ánforas de arcilla donde se realiza todo el proceso. Siempre, estableciendo un prudente reposo post fermentativo antes del embotellado, que no siempre está establecido o pensado con antelación, efectuándose a pulso y prueba del viñatero.

Al fin de cuentas cada productor de vino “natural” tiene su propio método, enfoque y filosofía de cómo hacer las cosas. Pero Cossard logra armar este vino que logra una profundidad asombrosa sin ir por sobrecarga, dando la sensación de que aún no corta su cordón umbilical, y eso, lo hace muy atractivo.

BEDEAU[3]Si bien la nota terrosa como mencioné antes se encuentra bajo control, va sugiriendo mucha guinda, pasando en boca muy fácilmente con una acidez que no destaca como actor principal a pesar de su notoria presencia. Me gusta tener que obviar este tema tan inflado por estos días. Acá hay consistencia de una fruta delicadamente extraída, más que cualquier otra cosa y, que tras unos años de guarda, adquiere una complejidad exquisita, manteniéndose como un vino fresco, que se abre en boca con mucha facilidad.

Lamentablemente después de probar esta vino hay que aterrizar y poner nuevamente los pies sobre la tierra. En Chile hay ciertos pecadillos con el pinot noir, que van desde su forma de extracción –como si fuese un cabernet sauvignon– o dándole un buen bronceado en madera de primer uso. Creo, nos quedamos tranquilos viendo que otros también pecan, que no somos los únicos, esperando siempre que al final del túnel este la solución o que Dios este atendiendo otros asuntos para que sople un viento y las cosas mejoren. No es así. La única manera de acabar con un problema de identidad, y por que no decirlo, de verticalidad, es haciéndose cargo, reconociendo y corrigiendo defectos, que no están apareciendo escritos, delatados o insinuados por ningún lado.

Como dijo Juan Jaeger: Bedeau, es el pinot noir que cualquier enólogo debiese probar antes de meter mano en la cepa. Estoy de acuerdo e incluso seguro, que cuando lo prueben, se les van a erizar y caer hasta los laureles.

A.T.

@Vinocracia

Agradecimientos

- Nuevamente a Carlos Wong, gracias por la invitación y esto que fue tomar desayuno con Bedeau.

- Catalina H., gracias por transcibirme lo que envié a Cossard, y por traerme sus botellas. Lamento exponerte al acoso del “viñatero hermitaño”.

Nota: El Bedeau degustado corresponde al viñedo de Corpeau, actualmente y según me cuenta el anfitrión de la degustación, Cossard entrego el viñedo en arriendo, disponiendo ahora de otro para continuar con este vino.

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