¿Diferencia de paladares? - Cuando el defecto de nuestro vino, pareciese ser virtud en otros lados.

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Quiero recalcar que esto no es una percepción que quiero imponer como absoluta o totalitaria, de como en otros países se bebe o se siente el vino chileno. Tómese este texto, si usted quiere, como anécdotas sin importancia.

Cuando leí la columna de Patricio Tapia en el suplemento Wiken sobre el Tierras de Tomenelo, era lógico buscarlo, conseguirlo y probarlo. Nada que decir, es un vino puntudo, grosero y terroso, de mi total agrado, tanto así que recomendaría a cualquiera que lo probase independiente que sea una buena o mala experiencia. Pero cuando lo recomendé en sendos y halagadores tweets a mis amigos venezolanos y colombianos, estos, después de probarlo no dudaron en querer tirármelo por la cabeza. Algo similar pero en menor grado ocurrió con el Viejas Tinajas De Martino y Montsecano.

Y dentro de mi pasajero favoritismo fui predicando mi gusto por ese tipo de vinos tildados de "rústicos"

Tiempo después me dieron a entender cuales eran sus preferencias, que claramente iban por aquellos vinos con buena madera, bien tostados, con generosas cantidades de alcohol y concentración. Al parecer, la astringencia no presenta motivo de queja. El feedback final que recibí de la familia Orta, de Venezuela, fue textual: “esta cosa tiene que picar y sentirse”. Lo que hice entonces fue lo contrario. Habiendo sobre stock de vinos con tales características, procedí a recomendar aquellos que simplemente no me agradaban.

Como era de imaginar, fueron esos vinos los que terminaron gustando.

Otro caso. Mis grandes amigos de Brasil, Marisa y Aldo,  confeccionaron una lista de diez espumantes y una veintena de tintos nacionales para tener en cuenta cuando visitasen Chile. Una vez realizada la compra y de vuelta en su tierra, los presentaron en sus respectivos grupos de cata en Sao Paulo, exclamando que no les habían gustado tanto las recomendaciones y los vinos mencionados en revistas, a excepción de dos, un Estelado de Miguel Torres y otro que estaba fuera del listado y que ellos sacaron de una tienda por casualidad. El espumante “casualmente” adquirido, es uno que en Chile es bastante popular y económico, quizás uno de los más consumidos; hablo de un charmat en extremo burbujeante –explosivo– con buen amargor, bastante opaco y de una acidez camuflada. Del calcáreo que es mi favorito y del otro no tanto de Casablanca, no dijeron absolutamente nada.
Veo sus preferencias en Facebook y me asombra el nivel de consumo, hablemos de Barolo, Beaujolais, Chablis, Champagne, algunas rarezas de Nueva Zelanda y una lista de vinos chilenos, que para mi alicaído rostro, veo que son vinos “reserva”, muy comunes, con buenos bocanazos de alcohol. Es para no entenderlo.


Por último, un amante del vino de Miraflores, Perú, me comenta que en su grupo de cata –que incluye a un sommelier– han probado tanto vino chileno como les ha sido posible. Sorpresa cuando me comentan que les agrada la sensación alcohólica de nuestras botellas. Que son estimulantes los 14,5º, e incluso, han encontrando genial aquellos vinos que combinan a la perfección el alcohol y la vainilla de la barrica, recalcando lo que para ellos es una virtud en el vino chileno: su extrema potencia.

No voy a relatar en extenso el caso de mi familia en Suiza, que teniendo Pinot Noir y Chasselas premiado y generoso a destajo, se encargan desde Dinamarca vino chileno. Y gustan de reunirse con italianos y alemanes a beber de un carménère colchaguino con esteroides.

A lo mejor esto parece un llamado al desorden, pero pretendo lo contrario.

Hace muy poco en twitter, se hacían comentarios desde una especie de extraño conclave o cofradía, donde pude captar que se hablaba de menos alcohol, cosecha verde, menos madera y tantos otros ítems que están en una tediosa discusión por estos días, con posturas varias y muy validas por lo demás. Pero mi pregunta es: ¿qué dirán mis amigos extranjeros cuando se percaten que su vino ya no tiene madera, sobremadurez y menos alcohol?, algunos dirán con cierta hilaridad que estos comenzaran a beber vino de verdad. Yo no creo que se configure una respuesta desde aquel chiste. Imagino que simplemente no les gustará el cambio, y en el peor de los casos dejaran de beberlo, o en su defecto, harán una transición muy lenta que los podría hacer girar la cabeza a otro país productor, uno que no sienta tanta vergüenza de chipear sus vinos. Y por qué no, puede ser que otros agradezcan el cambio.

Esos defectos que pesan muchas veces sin culpa, en otras latitudes son parte de una maravillosa experiencia, importandoles muy poco aquellos temas ligados a la dentidad o sentido de origen. Creo, por lo que he visto y me comentan, se rescata la experiencia de probar y poner un vino de acorde al tipo de comida o situacion en particular, algo que suena obvio pero no lo es tanto ante nuestra necesidad de catalogar obsesamente.
Simplemente lo sienten con un alimento más que está allí, puesto en la mesa, y que poco importan los misticismos impulsados por la literatura. (Con algunas excepciones)

No me gustaría dar solución a este tema, es mejor dejarlo tal cual se presentó, simplemente la invitación es a salir de este largo y obtuso país-isla, y poder apreciar que incluso en la diversidad de aquellos supuestos defectos, hay cuestiones que para otras realidades han de parecer interesantes, y aunque no esté de acuerdo con ellos, son puntos de vista absolutamente validos que no es mi interes pasarlos a llevar o tratar de revocarlos.
Lo que si me jode, y bastante, es la ingenuidad de quienes son los encargados de llevar la buena nueva comercial al caribe o norte de america. Recordar siempre, que estos paises son caldo de cultivo para vendedores de vino europeo, y se ha dado en este último tiempo una interesante muestra de ejemplares -sobre todo en el caribe- donde el vino chileno no juega como la estrella del cono sur. 
Tener en cuenta que no nocesariamente la mentira que funciona acá, puede funcionar en otro lado, sobre todo cuando llegá el vino español a vender mas verso que vino. Ahí, no podemos hacer nada.

@Vinocracia

           

Alvaro Tello

10 comentarios:

  1. Hay que ver también que vinos como tierras de tómenelo no sale del país y el que por años se a comercializado en Venezuela de a poco se a ido exigiendo mejor calidad de vino menos madera, es así como vinos de martino, Emiliana están ganando terreno a vinos como castillo de Molina, casillero del diablo, pude dar tierra de tómenelo a un gran amigo y blogero del vino venezolano el cual quedo muy sorprendido, para mi esos desperfectos no son buenos y la industria debería buscar una mayor identidad como la están encontrando pequeñas viñas.

    No creo en los diferentes paladares si no el vino al cual se esta acostumbrado, es como si le cambiaras un vino a tu abuelo, no le gustaría uno de estos nuevos

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  2. liberto15:25

    al parecer encuentras buenos esos defectos por que no me quedo claro

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  3. guillermo15:59

    estimado Buen Comensal, con todo respeto, trabaje en venta de vinos en Colombia y Venezuela y no les enviábamos lo mejorcito, de hecho la conocida viña de puente alto mandaba a vendedores con instrucciones precisas de deshacerse del chamico de estos lados, no culpo que después de eso la costumbre o paladar como le llama este compadre se hayan entrenado en esos vinagres, las malas costumbres y amor a ellas son una cuestión comercial que ahora por suerte ustedes mismos han ido cambiando, lo malo es que los periodistas por estos lados no tiene idea que eso pasa, pero vinagres malos pa vender tenemos bastantes y cuando llegan los gran reserva no crean que es lo mejor, es solo lo menos malo y lo que escribe este compadre es una realidad y mala costumbre que exportamos de aca, se lo dice un ferretero amigo que trabajo en el rubro y se aburrio de venderla, ahora tienen uruguayos para eso.

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  4. En lo personal NO considero esos defectos como una virtud, si es que pueden ser llamados como tal. Lo que acabo de redactar son vivencias que se acumulan, pude haber escrito dos mas pero no tiene sentido hacerlo.
    Yo si creo en la diferencia de paladares, alguna vez leí al escritor e investigador chileno Rodrigo Alvarado Moore, este hablo de distintas disposiciones de algunos pueblos a como perciben vinos y destilados. Incluso se refirió a condiciones hereditarias y geneticas para la embriaguez.
    Lo único que tengo medianamente claro, es que a cualquier persona, del país que sea, por mas que les des consejos, siempre termina haciendo y bebiendo lo que quiere y lo que le gusta.


    Saludos y gracias por comentar.

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  5. camilita17:41

    y que crees tu que le hace falta al vino chileno o como se puede mejorar??

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  6. No me siento un interlocutor valido para tocar ese tema,ya hay muchos haciéndolo. Ahora, no soy pesimista al respecto, por ejemplo Casablanca ha dado muy buenas señales de madurez y lo que desarrolla Luyt y los productores de Itata me hacen pensar que hay otras buenas realidades que vienen.

    Saludos!

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  7. Daniel Victoria21:30

    Buenas noches,
    bueno la verdad es que hace bastante tiempo en Perú recibíamos vinos de muy mala calidad desde Chile, pero eso comenzó a cambiar de a poco cuando los vinos de Argentina entraron a nuestro país.
    Es cierto que nuestra preferencia vaya por vinos con un poco mas de alcohol, es un gusto mas entonado y no tan suave. Es cosa que vean nuestra preparaciones también para darse cuenta que necesitamos un poquito mas de fuerza.
    Los invito a ver el la pagina de La Cata Perú donde ahora se puede ver una muestra del mercado actual y sus principales vinos.

    http://lacata.com.pe/

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  8. Pienso que el mejor vino es el que te gusta a ti en un momento preciso.
    Comprar vinos es un tema de placer. Tal como no se debe comprar un cuadro o una novela porque gusta a otros.
    Por supuesto que está la publicidad, que presiona inseguridades para obligarnos a aceptar lo que quieren vendernos.
    Pero la comercialización no se relaciona con gustos ni placeres...

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  9. marcial22:46

    un ejemplo claro de lo que estas hablando es que los argentinos no entienden lo del olor a aleta de los SB chilenos, los encuentran riquísimos :/

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  10. Hace unos meses en twitter hablamos de los Sauvignon Blanc con amigos argentinos. Hablamos del olor a axila o ala característico de estos, alias "sudor", lo primero que dijeron que no entendían el concepto ni el aroma, dejamos ahí el tema dando bote, y la verdad, da para largo, al final exclamaron que nos estábamos tirando al suelo, para la percepción de ellos parece ser todo eso muy bueno. Para la mia, a veces.

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