Clair Diamant blanc de blancs. Un buen disfraz.

00w2jzqod43qo_375x500Tuve la oportunidad de adquirir este espumante en uno de los tantos ofertones de vinos importados por la cadena de supermercados Jumbo. Y la verdad es que dentro de todo lo correcto que pueda presentarse (buena espuma, mediana acidez y mucho tostado) no hay algo más que pueda resultar una gran novedad. En un vino que a simple prueba de copa parece bastante corriente, tal como el también llegado espumante Jean Dorsene.

Salvo por su bajo precio y bisutería gráfica que además, brinda lujos adicionales a través de su nombre (un diamante claro) es finalmente una suerte vacío geográfico y apuesta estética por donde podemos hilar una historia que no sea tan solo describir un vino sencillo.

Lo primero es que los artífices de este extraño vino espumante, la familia Pellin, lleva efectivamente, como explica su impreso, comercializando vinos desde 1900 a la fecha, a través de lo que es su sociedad vinícola establecida en Bugey, en los Rhône-Alpes, muy cerca de la frontera con Suiza.

He acá el primer gran detalle, ya que muchos de los vinos que se acercan demasiado a las fronteras sin una denominación o marca territorial, resultan muy difíciles de comercializar. En el caso de Bugey, se encuentra en una vasta zona agrícola y montañosa entre Lyon y Génova, donde el cultivo de la vid cabe medianamente dentro de las necesidades de consumo interno.

CLAIR DIAMANTUno de los principales delatores de aquella falta de denominación o reconocimiento geográfico, es el hecho de reconocerse como un simple “vin mousseux” (vino espumoso) y nada más.

Cabe destacar la importancia de los reconocimientos territoriales, ya que sin ellos, se llega a un precio extremadamente bajo, habiendo pocas excepciones a la regla. En el caso de este Clair Diamant mousseux sin denominación, va por un precio menor o igual a 9 dólares la botella. Alto para un mousseux,  y su vez bajo si lo comparamos con las amplias variedades de crémant que con una calidad similar, pero con denominación a cuestas, se comercializan fácilmente desde los 12 a 17 dólares la botella.

El punto es que el Clair Diamant, ha conseguido salir y revertir este asunto de las denominaciones estando en tierra de nadie. La solución llegó de la mano de un simple recurso que logró desviar la atención del vino, poniéndola en algo que a simple vista, fuese más atractivo.

Con un blanc de blancs falto de pretensión, una atractiva serigrafía hace las veces de gancho, consiguiendo algo de prestancia, que tiende a ratos a engañarnos, recordando desde un simple retazo el trabajo del artista Émile Gallé (diseñador de la botella del champagne Perrier Jouet).

Una botella que ahora sale al mundo desde una pequeña provincia, que desorienta, que monta legítimamente un disfraz serigrafiado con florismos de la Belle Époque, para vender y que puede –si la circunstancia y la creatividad del bebedor lo amerita– permitir fanfarronear entre los siempre incautos bebedores, o entre quienes aún ven lejano y sofisticado aquello del vino francés.

 


Alvaro Tello

@Vinocracia

Alvaro Tello

1 comentario:

  1. Anónimo12:30

    Yo lo probé, concuerdo que es ahí no mas

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