Brewery Hill Sparkling Shiraz. Y los tintos con espuma australianos.


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Lo más cercano que hemos llegado históricamente a tener un espumante de variedad tinta gruesa, fue una botella que supuestamente habría hecho su aparición en la segunda  mitad del siglo XIX, a manos de la bodega Ochagavía, quien según se especula, habría logrado un espumante de cabernet sauvignon o país. Fuera de nuestra realidad y poniendo atención en el Loire, cabe destacar que esta es la provincia lleva bastante ventaja estabilizando variedades tintas con levaduras, como es el caso de algunos cremant de cabernet franc y pineau d’aunis. Tras revisar los casos europeos y el escaso conocimiento que por ese enonces había en Chile, probablemente nuestros primeros espumantes no habrían utilizado las mismas técnicas aplicadas en Francia. Se cree que la propuesta fue resultado de un descuido en el momento de la cosecha, quedando un exceso de azúcar residual lo que permitió la presencia de gas carbónico en su interior.

El caso de los espumantes rojos de Australia es total y radicalmente distinto. Y extraño desde el punto de vista histórico.
En medio de una rivalidad entre las colonias de Victoria y Australia del Sur, por el 1878, existen los primeros registros de vinos tintos con gas carbónico, conocidos localmente como “burgundy”.
Según los antecedentes recabados por el productor y enólogo John Wilson, el nombre pudo haberse propagado espontáneamente por quien fue responsable de las primeras botellas y experimentos, el francés Auguste D'Argent, quien en colonia de Victoria, elaboró en 1881 un vino que trató de acercarse a una idea de un crémant borgoñes (pinot noir) salvo, diferencias claras como era su porcentaje de azúcar y una evidente concentración. Aludiendo también que podría haber contenido una muestra inicial de la cepa que hasta hoy es el emblema australiano, el shiraz.
Lo rescatable es que entrado el siglo veinte, en Australia no se redujeron las cuotas de concentración de los espumantes, por el contrario, insistieron en presentar vinos carbónicos brutos, con taninos muy presentes, fuera de los patrones de elegenacia que podían exhibir los vinos franceses.
Sin embargo, el burgundy retrasa su ascenso cuando la producción se vio menguada por la crisis económica que atravesó Australia en 1934, afectando su renta agrícola industrial, al desligarse de la subordinación económica europea. Finalmente, quedó reducida a una, la bodega que pudo continuar produciendo vino espumante.
Intentando retomar la tradición en los cincuenta y sesentas del siglo pasado, la bodega Romalo Cellar logra llegar a las doce mil cajas. En medio de la reactualización, aparece un nuevo contratiempo: los nuevos requerimientos de los Estados Unidos (principal comprador de vino australiano) quien iniciando la década del setenta, manifestaba su preferencia e inquietud por el Cold Duck, un vino que mezcla el granel sobrante de burgundy y otros blancos carbonatados, a los cuales se le incorpora una dosis extra de azúcar. (Nótese en aquella época, la preferencia norteamericana por los vinos dulces de cualquier parte del mundo, siendo esto considerado por historiadores, como parte importante de una estrategia para llegar a un consumidor, cuya preferencia era la cerveza y el bourbon)
Así los productores del sur se dispusieron para complacer los requerimientos de su principal socio.
Esta botela de Brewery Hill corresponde a la aparición de una nueva oleada de sparkling shiraz que datan de 1994, cuando su principal impulsor y promotor Peter Rumball, se percata del cúmulo de restricciones exigidas por Francia, con tal de prohibir el uso de cualquier alias que pudiese confundirse con sus denominaciones de origen. Así el burgundy tradicional pasa a ser comercializado como sparkling shiraz.
Investigando sobre este ejemplar del McClaren Vale, al sur de Adelaide, me enteré que ya es parte de los tantos emprendimientos que últimamente se han ido a la quiebra por bajas exportaciones. Hoy, en las antiguas instalaciones de Brewery Hill se encuentra Tapestry, una bodega cuyos viñedos e instalaciones, sirven como espectáculo para eventos y matrimonios.

Para ser un espumante de cuatro y medio dólares, no anda mal, en copa muestra la primera evidencia del método charmat, una burbuja gruesa que sube ebulliendo por la copa. Llama la atención que no se desapega de otros tintos que son del mismo método, hay cierta inclinación a homogeneizar la profundidad del shiraz sureño australiano, opacando no poco, si no que bastante las levaduras. Lo interesante es ver como se acentúa bastante el shiraz en presencia de gas carbónico, lo que vendría siendo lo más destacable junto a la agradable aspereza del shiraz que se mezcla con las burbujas. Aun así, algo de frescura hay, y no tiene esa nota achocolatada y astringente que se reitera en otros trabajos smilares. Como podría ser la bodega Peter Lehmann, y su etiqueta Black Queen.
A pesar que este ejemplar de McLaren Vale es bastante correcto, del total y pocos espumantes tintos australianos que he probado, el trabajo de Peter Rumball en Coonawarra para a mi gusto, sigue siendo uno de los mejores exponentes. Pudiendo atribuir su buena integración y suavidad al ir con la precisión que le exige el método tradicional champenoise.
Al comienzo bien dije que todo esto era extraño. Me explico. Si bien la tradición y porfía señala que llevan años, y más de un siglo intentando y perfeccionando métodos para tomar espuma, llegando a haber en la actualidad más de treinta etiquetas circulando por diversos mercados, no me explico cómo no tienen la confianza y la capacidad asociativa suficiente, como para ir y ofrecerse al mundo como alternativa genérica, aprovechando algo de ese impulso para darle consistencia a los espumantes. Como lo ha hecho perfectamente el resto de Europa, trazando meticulosamente líneas imaginarias en pro de la territorialidad comercial.
Cuando uno revisa casos como este, uno puede visualizar y darse cuenta que los problemas de autoestima y falta de asociatividad son iguales en todos lados.
O como decimos en Chile, “en todos lados se cuecen habas”.


Alvaro Tello


@Vinocracia

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