Kizan, el espumante de Koshu.

 
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Primero que nada estoy muy agradecido de probar este espumante de variedad 100% Koshu. Un gran detalle si tenemos en cuenta que algunas botellas de vino japonés, contienen vino a granel chileno.
Kizan Sparkling Wine es uno de los espumantes que se consume regularmente en Japón y, si la moda lo demanda o dicta lo contrario, se le da el turno a otro vino de semejantes características no importando el país de origen.
La compra de vinos en este país obedece fuertemente a tendencias y modas impuestas tras la saturación de comentarios, como también a la voluntad de compra de los salaryman, un amargo grupo etario de clase media con capacidad de consumo y fácilmente influenciable por el mercado. En estos términos el país es bastante caprichoso y explosivo, no extrañándome que una etiqueta chilena logre un sitial de moda o preferencia algún día. Dije bien, algún día.
Desconozco absolutamente el alcance comercial de este vino, siendo una cuestión que me interesa muy poco. Lo que si pude averiguar es que los viñedos corresponden a la familia Tsuchiya, quienes en Enzan, prefectura de Yamanashi –algo así como el Napa Valley de Japón– llevan 76 años cultivando la vid y extrayendo su jugo para hacer vinos de cepas locales y, un curioso brandy llamado La Flutiste.
Caso aparte es de algo que no he probado aún, que es el aguardiente de doble destilación llamado Marc de Kizan, que según comentarios de chilenos residentes, hace recordar bastante a las aguardientes nacionales.
 
6954_01Entre las variedades mas destacables de las viñas japonesas, hay una lamentable combinación y enredo que da para una larga búsqueda de diferencias. Un ejemplo: están las hibridas Black Queen y la Muscat Bailey A, que en teoría y apariencias se dan a conocer como similares,  y en otros casos como dos cepas por separado. Asunto que en dirección obligada confunde a quien no es habitual ni está familiarizado con estos vinos. Como es en mi caso. 
Algo que si es claro, es que las cepas negras originalmente fueron introducidas por los portugueses en sus trazados comerciales al oriente posterior al año 1500, siendo posible encontrar Black Queen por toda Asia e indochina y, que en Japón, tras los cruces e hibridaciones mencionadas anteriormente, el considerado como el padre del vino japonés, Zenbei Kawakami, logró bajo su mano mejorar y adaptar la cepa a la difícil condición climática que impera en Japón. Una que puede registrar en un año normal periodos de largas nevazones, tifones, lluvias y altos índices de humedad y calor subtropical en verano.
Otra cepa emblemática e importante que se incorpora 100% en el vino de Kizan, es la cepa Koshu, la cual intuyen los historiadores, llegó vía Cáucaso, pasando a China y de ahí hasta Japón.  Ésta, consiguió llegar a puerto gracias a la expansión de budismo en el siglo VII, motivo más que suficiente, para que en los años y siglos venideros, el tema de la uva tuviese una trascendencia administrativa tanto religiosa como imperial.
Se puede fácilmente menospreciar a Japón dada su nula aparición y competitividad en el tema de los vinos, pero cabe destacar que tienen una larga data de cultivo, siendo oficialmente conocida a través de los Jesuitas, que tras la persecución, crucifixión y muerte de los llamados 26 mártires de dicha orden, tuvieron que pasar más de dos siglos para que se volviese a hablar de vinos con tranquilidad espiritual y administrativa.
La vinificación  formal y trascendente se da en la prefectura de Yamanashi en el año 1874, cuando Hironori Yamada y Takuma Norihisa inician el primer intento vitivinícola independiente en la ciudad de Kofu. Sin embargo, la especialización se dio en plena y conflictiva restauración política-imperial Meiji, cuando la uva y el vino fueron considerados asuntos de importancia nacional. De esta manera se envían a Francia para el estudios de vinificación a los jóvenes Ryuken Tsuchiya y Takano Masanari. Regresando ambos a Japón, dan comienzo a la Dainippon Wine Co. Ltd. empresa que no prosperó como estaba planificada, ya que se encontraron con un gran obstáculo en relación a la cepa Koshu, y es que ésta es algo débil para la producción de vinos firmes y en algunos casos, se producían perdidas durante en la fermentación, que por obviedad, no había dado el mismo resultado que con las cepas ensayadas en Francia. Fue por este motivo que se le dio un uso alternativo y urgente a la fruta; hablemos que es una poderosa fuente de extracción de ácido tartárico y alcoholes livianos, que se utilizaron como medicinas en las sucesivas guerras que sostuvo Japón.
Terminados varios conflictos globales, conquistas y derrotas, la desestimada Koshu es puesta en forma nuevamente para la elaboración de vinos, pero esta vez,  usada como complemento menor o simple relleno para otras cepas europeas y americanas de mayor concentración. Su máxima connotación la consigue como simple uva de mesa, lo cual provocó una estrepitosa caída y devaluación de la fruta, siendo no rentable el cultivo y la cosecha.
Sumamos a esta debacle, la abolición de los derechos de importación de vinos extranjeros, que terminó por abatir cualquier tipo de emprendimiento, siendo el vino, un tema que ha salido a flote después de 1970, y que en gran parte, fue estimulado y apoyado por grupos de consumidores y algunos profesionales del vino, los cuales querían ver a un Japón con una calidad similar a la europea y aspirando a una capacidad productiva razonable.
Un importante problema que no dejaré pasar, es que incluso el vino a granel importado y embotellado en Japón puede ser considerado vino japonés, cuestión que molesta a los productores de Yamanashi y que logra tras esto, la creación de las primeras asociaciones en pro del vino, para la promoción de sus cepas nativas y el impulso del enoturismo.
Kizan
Lamentablemente para poder expresarme con un mínimo dominio de la cepa Koshu, debería tener una buena cantidad de botellas sin carbónico, cuestión que me ha sido imposible conseguir (pero vienen tres más en camino) así y todo, creo que este espumante puede ser un buen acercamiento.
De comienzo vamos por el cuerpo que es bastante liviano, se siente rebajado, de esos espumantes extremadamente livianos y muy por debajo de un non vintage. Inmediatamente se muestra seco, con una tenue acidez y cremosidad que logra con algo de esfuerzo una buena amplitud en boca. Contiene una respetable cantidad de carbónico, que va medianamente integrado al vino tendiendo su burbuja a desaparecer con rapidez.
Es para destacar que no posee evoluciones sucesivas o muy notorias, lo cual tiende a decepcionar un poco, no dando el pie para hacer una cata a dos o cuatro copas; siendo la única y pequeña nota que surge es a manzana verde, pero extremadamente opaca.
Si bien en boca no se aprende mucho, es en aromas donde se puede presenciar lo interesante, ya que no es muy común encontrar vinos espumantes con notas a tierra y algo herbáceas, que juegan muy bien con las escuetas notas lácticas de crianza, que logran dar profundidad a las levaduras. Quizás sea el punto a favor de todo esto y aun así, no se despejan mis dudas sobre la cepa.
La calidad no la pondré en discusión, tiene elementos que cualquier otro productor presumiría, pero a esto le falta gracia, chispa, desarmarse un poco, está muy acotado y restringido a la calidad del método más que a mostrar un buen vino, me alegro que respetasen la acidez necesaria, pero es una experiencia que evidencia la carencia de locura y el sobre entender instrucciones o la visita técnica a alguna DO europea.
A.T.
@Vinocracia

Alvaro Tello

7 comentarios:

  1. Marcelov20:21

    no se si recuerdas que en la cata de vinos kazajos planteaste ese tema, el de los vinos que a nadie le interesa, yo en ese aspecto creo lo contrario, creo que si interesan, lo que seria repetitivo es seguir dándole al vino frenchute que ya se habla hasta por los poros y satura, rico y todo es mas de lo mismo, hay que descubrir nuevas realidades y para siempre estas invitado a nuestro grupo.

    Gracias por dejarnos compartir este ejemplar japones, estaba correctisimo, demasiado para mi gusto.

    Saludos.

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  2. De esa zona lo mas exótico que he probado es el vino coreano Meoruh, también averigué todo acerca de el y créeme que para ellos es un culo plantar...me gusta el estilo busquilla del blog.

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  3. Flo (Florencia) ese vino no he tenido la oportunidad de probarlo, aunque tengo cierto recelo a los vinos orientales, ya que muchos son vinos a granel importados, voy a averiguar sobre esa botella coreana, me interesa mucho.

    Alvaro.

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  4. Y esos podríamos pedirlo en la meca a cuatro horas de Santiago?

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  5. No creo, lo mas lejos que están trayendo no francés son Vranec de Macedonia, Lenz Moser de Austria y algunos hungaros, pero de Asia no, muy difícil.

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  6. Cuando te entra el tema del vino y hay blogs como este, uno en total libertad hace selección de leer o no leer lo que se te antoje, independiente si el vino es de muy lejos o muy cerca, tal como escribes al final "esto es solo cultura" un apronte, y desde estas notas uno extrae cosas bien interesantes. Me alegra que no hayas caído en el facilismo de otros blogueros con el tema de los vinos naturales de Francia y de cualquier parte del mundo, incluso de Chile, ya que es un tema demasiado repetitivo, salute!

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  7. Me gustaría reivindicar al vino japones, la koshu es una gran cepa que pareciese ser un riesling mal logrado, pero aun le quedan esperanzas, te vamos a invitar a una cata cuando nos lleguen vinos.

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