26 abril, 2013

Vendimias de tierra, segunda parte, Fiesta de la vendimia del Limarí

IMG_6419El sentido de la territorialidad no es un ejercicio de mezquina apropiación o cercamiento como se podría interpretar o hacerse evidente en las ciudades como Santiago. Al contrario, en la mal llamada “provincia” es posible comprender como este término se logra transfigurar en conducta, expresándose en cosas tan mínimas como son la pulcritud el cuidado y respeto de los espacios comunes, ahondado incluso, en el modo de sentir puesto en las actividades cotidianas que son representativas de una zona. En lo personal, he podido evidenciar esta práctica dos años consecutivos en lo que corresponde a la ciudad de Ovalle y el resto de las localidades cercanas al Valle del Limarí.

Representatividad

No debería presentar asombro alguno hablar de René Merino y Héctor Rojas; de viña Tamaya y Tabalí respectivamente; quienes mediáticamente hablando, son los personajes (en el buen sentido de la palabra personaje) con los cuales uno puede detenerse y ser espectador de aquel sentido regionalista que habla bastante fuerte desde su viñedos, pareciendo incluso, sostener bajo su alero a los más silenciosos o quienes de frentón, son parte de un negocio extendido y no están muy involucrados con este cuento del valle.

IMG_6419 (2)Con el poco tiempo recorrido en esto del vino y sin mediar palabras de este tema con ellos, he logrado internalizar este mensaje que habla de la representatividad y lo que esto les ha generado. Muchos creerán que por obviedades estas misivas son el producto de que sus plantas dan fruto en la zona, que no hay nada nuevo en esto, pero a mi pesar debo rendir cuentas que este tipo de aseveraciones y sentir, no es muy frecuente oírlo desde otros viñedos…aunque en apariencias se crea lo contrario. Esto de llevar un poco mas allá el tema de la representatividad del terroir es algo que muchas veces queda relegado a ser una cuestión secundaria, en lo personal, este caso, de Héctor y René, me ha hecho cambiar mi perspectiva de cómo ver todo este asunto del vino, logrando ahora empatizar y sostener la idea que las historias personales de sus representantes; la dirección interna de quien dirige o ejecuta, mas el resultado final del vino; es lo que debería también integrarse como parte del gusto personal. El poder tener un acercamiento a ese extraño pero interesante factor humano intangible puesto en el trabajo y en el suelo, extiende la diferencia, enseñando a uno a tomar distancia de otros cuentos, o bien, aceptándolos sin mediar sorpresa.

 

Ocho tierras y Punitaqui

811 (2)Con Viña Ocho Tierras uno puede presenciar el trabajo progresivo en una viña que está ensayando su cuesta arriba a través de las añadas y cepas. Ahora desde su abocado syrah y su ensamblaje cabernet sauvignon-carménère,  comienza a dar claras muestras del perfil que se está planteando en el valle. No es fácil, tratándose de un barrio donde gran parte de los vinos son bastante figurativos y de resultados uniformes. Cuento aparte, fue interesante recorrer sus pequeñas instalaciones con estanques de concreto e historia que se funden casi a pulso, lo cual da un valor agregado aceptando que son vinos muy ajustados a la mano de quien los produce.

814Punitaqui es algo que no suena en pelea de perros. Aun.

Este barrio vitivinícola que se encuentra fuera de las luces y de la atención general a 30 kilómetros de Ovalle, me tiene en una situación bastante tirante. Viña Dabosco, Viña Soler y Viña Aguatierra de James Pryor, son los productores locales que se perfilan y tienen una oportunidad –que dado su origen– podrían mostrarse como grandes exponentes de buena fruta, intensidad aromática mas bien baja y alcances claros de acidez, pudiendo dar la oportunidad de apreciar algo del llamado sentido de origen. Hay buenas añadas que me han dejado una buena impresión, la del 2011 por ejemplo que dio a Dalbosco un carménère acido y jugoso, y otras, que me gustaría dejar pasar, como la del 2012, donde se hizo notar que esta localidad al sur de Ovalle posee una fragilidad impresionante. Así y todo, el nuevo rosé camenere-syrah de Dalbosco, el apronte de su gran reserva y el Viña Soler cabernet sauvignon-syrah, son vinos que uno deja pendiente para retomarlos y ver cómo se van encaminando, ya que –como dije anteriormente– hay dejos en algunas etiquetas que vienen con buena acidez y la marca de su fruta, siempre pensando en que son viñas pequeñas que se encumbran en silencio. El caso de James Pryor y Aguatierra no se me escapa. ¿Qué ocurre si tenemos rica fruta y nos cargamos con la madera?, acá un ejemplo que también deja el hilo tenso para comentarios, ya que por una lado comienza a gustarte pero el letargo de la madera no. Aun así, este vino se planta como lo mas representativo de Punitaqui, aunque James Pryor no se pone de acuerdo en decirme cuantos meses lleva de madera.

Resumiendo, las viñas de Punitaqui se encuentran afinando su punto y origen, que por lo demás, es bastante delicado, pudiendo llevar los vinos a contrapuntos sorpresivos entre añadas o bien dando en el blanco…hay que buscar bien. Defecto o no, véanlo ustedes.

 

Feria modelo de Ovalle, Juan Ruilova y su gente

CHEFNo sé por qué jamás se nos había dado la oportunidad de conocer la Feria Modelo de Ovalle. Siempre ha sido fundamental conocer la raíz del mercadeo para tener una percepción de lo que son los productos locales, esos que terminan definiendo sentando las bases culinarias colectivas en las cuales se apoya su gente. Esta vez el chef local Juan Ruilova fue quien hizo de anfitrión, llevándonos a conocer esta realidad dándose el tiempo necesario de explicar a cabalidad, como la feria va a una velocidad y decibel distinto al que estamos acostumbrados en Santiago. Es limpia, ordenada, surtida, sin bulla ni griterío, como si la mas mínima alzada de voz fuese a enturbiar el ambiente y el pausado caminar de sus caseros. Hay carencia de malos olores, aglomeraciones y muchedumbre, que en un favorable contraste886288_10200628494371655_896113847_o da la posibilidad de apreciar de manera sobresaliente el surtido de productos, llámese quesos, charqui, frutas, verduras, charcutería, pescados y todo lo necesario donde llama la atención, el casi obsesivo orden del espacio mínimo y común.

Ese mismo día pudimos apreciar la mano de sus locatarios de esta Feria Modelo, que en las antiguas instalaciones de lo que fue una maestranza ferroviaria, organizaron un almuerzo de mantel largo con preparaciones y productos de la región: pescados bien condimentados y listos para la fritura, tortillas, churrascas, las siempre añoradas verduras brutas, como el choclo chileno harinoso y de hollejo duro, porotos, papas, tomate desteñido por fuera y rojo por dentro como recuerdo que siempre fueron y acompañaron al comino y a la cebolla.

844Juan Ruilova, quien se alista para presentar en la noche un buffet con lo más típico de Limarí y sus alrededores, comenta en su particular y honesta forma de verbalizar –sin protocolizar demasiado– que todo lo expuesto, es el sentido más común del Limarí, la territorialidad, el apego al espacio y la poca improvisación a la hora de exponerse. Después de todo esto, no me cabe la menor duda que la vendimia de este valle, alberga cierta ingenuidad y sencillez que permite simple y llanamente mostrar lo que se tiene: vinos y comida condimentados con orgullo local.

 

Agradecimientos:

- Vivian Mosnaim, Alejandro Gouhaneh, Juan Ruilova y Felipe Guerrero

Fotografías: archivo personal y Canal del Vino http://www.canaldelvino.cl/

 

A.M.T.

@vinocracia

19 abril, 2013

Vendimias de tierra, primera parte, Casablanca.

_0060958_dDecir que las fiestas de la vendimia son una expresión natural y muy chilena que se encuentran prácticamente bajo el tejido adiposo, viene ya a ser parte de las tantas mitologías festivas que se cultivan; hablo particularmente de la zona sur de Chile. En realidad lo que ha germinado con evidentes signos de empobrecimiento, es la idea de parques temáticos ‒como nuestro desaparecido Mundo Mágico‒ donde prima una verdadera maqueta de huasos parqué de punta en blanco bajando de la Cherokee o la Cayenne, listos para montarse en tractos animales y saludar a sus autoridades y terratenientes amigos. Esta curiosidad e imposición folclórica acontece en absoluto contraste con las rancheras y la cerveza que se bebe cuadras más abajo, que es a mi juicio, es la expresión más evidente de que nuestras pretensiones no son la realidad palpable. Incluso en las zonas consideradas de “alta concentración de chilenidad”, las pizzerías y la comida peruana llegaron a amalgamar el sentido patrio con alta aceptación por parte de sus habitantes. Lo cual encuentro excelente, es más, haciendo una pasada de preguntas por Santa Cruz, nadie conoce a un chef de cocina chilena en la zona…y no toman tanto vino como se piensa.

Dentro del contexto poco provocativo que genera esto; en una extraña dicotomía coexisten dos tipos de vendimias sureñas, una para la especialidad y un grupo etario exacto; llena de vinos, recepciones y banquetes de mantel blanco; y la fiesta del vulgo, esa que se informa paralelamente en programas de cotilleo, donde los verdaderos ganadores de la excusa esa del vino, son los periodistas de espectáculos y los chicos hormonalmente anabolizados y acéfalos salidos de algún reality o programa ad hoc. ¿Y del vino?, las pelotas.

Con este panorama uno piensa que todo se va a pérdida. Ante eso, quiero retomar la frase de una promoción en un galpón cuequero en Santiago: aun queda suelo, revuelto pero queda.

Quiero destacar dos vendimias que son verdaderamente de tierra, de esas donde uno se puede zambullir sin falsas pretensiones y espectáculo, dos celebraciones que son verdaderos convite anacrónicos tanto en Casablanca como en el Limarí, revelando estas dos, la representación más fiel posible de un nexo vertical que refuerza la idea del vino, la gente y su sencilla e ingenua realidad. Acá se puede hablar de tierra sin que vengan a encandilar los focos.

Casablanca

No hay levantamiento de afectos entre Casablanca y sus vecinas ciudades portuarias y de recreo, nada de eso. El sentido de territorialidad que poseen sus habitantes les permite hablar sin problemas de sus beneficios como pueblo así como de sus desavenencias, un ejemplo de esto, es el eterno anticuerpo de un lugar donde la bonanza económica ha andado de paso y ha desapareciendo con la misma facilidad que llega. El progreso es esquivo y recuerda el rastro de la industria automotriz, las tabacalera, la forestal y algún paso y recaudación de sus habitantes por el puerto de Valparaíso. Esto del vino como dicen ellos, genera trabajo, pero no es lo más importante en términos económicos, pero si la alternativa de poder ofrecer y reconocerse como algo más que un simple “pueblo” que adorna la carretera hacia Valparaíso, donde también ha llegado la gula territorial de las parcelas de agrado.

IMG00328Sin embrollos se puede decir que Casablanca es en realidad de vino y chancho, parece un extracto agrícola sureño tradicional con vista al mar –que no se ve– y que no extraña la antigua riqueza culinaria de mar y tierra que se hacía abastecer por medio de la pesca artesanal. Ahora es más asequible comer carne cerdo que pescado, y al parecer, lo único que viene del mar son buses y camiones llenos de conteiner.

Dentro del ir y venir de reformas y costumbres, la fiesta de la vendimia parece concentrar toda la supuesta realidad: a un costado de la plaza de armas las 16 viñas mostrando parte de su portafolio, donde el pinot Noir y el sauvignon blanc siguen siendo caballo de batalla; y al lado opuesto de la plaza, las carnicerías y puestos de comidas con vitrinas decoradas de perniles, arrollados, queso cabeza, longanizas, mucho ají y empanadas, en la cual e inclusive, hay atrevimiento para ofrecer una especie de ceviche de cochayuyo. Es un tema el del bolsillo y los precios, desde la bien llamada cifra módica, presenta verdaderas oportunidades y beneficios para esas mermas etílicas que terminan despertando el hambre. Todo muy asequible, no tengo nada que decir al respecto.

IMG00344Si hablamos de vinos, tal como ocurrió en la Fiesta del Pinot Noir, se comienza a advertir claramente las tendencias y hacia donde quiere ir el paladar; es que en verdad, con todo ese paredón de botellas la masa se dirige sola y uno puede sacar el limpio que entre neófitos y conocedores hay ciertos alcances. No hay que ser catedrático ni especialista para constatar que la distancia marcada por Bodegas Re, ya es bastante obvia. Inevitable no quedarse pegado entre el Pinotel y el Chardonnoir, que sin duda alguna, fue lo mejor y más fresco de la muestra. Inclusive, quiero declarar algo de asombro al poner atención a los susurros que hacen advertencia de bebedores ocasionales, hablando de otros vinos con maderas pesadas y aletargantes, como si hubiese una previa información, o por defecto, algún crítico subliminalmente los esté mal acostumbrando a no someterse a aquellas 'des' virtudes pasadas. (¿Aun creen que nadie lee sobre vinos?)

IMG00325Otro tema que convoca palabras es Lomas del Valle. Si bien se muestran más insociables que el resto, han tenido con su hermana Loma Larga un buen alcance, y quizás, esta fue la instancia para mostrar algo complementario a toda la gama tradicional. Dentro de ese contexto, Quinteto 2012 se ganó por parte de los que íbamos, un extraño enlace de palabras, un vino que se hace algo indefinible, donde persiste un perfume irreconocible que logra una curiosa satisfacción al beberlo. Creo, que es para dedicarle algo más de palabras a la segunda viña que ganó elogios por parte de los invitados.

Curiosidad citadina y una pizca de ignorancia y olvido, logran sorprender ante el hecho que después de las 5 de la tarde la plaza se repleta de gente, aun se vive en el aire las sagradas siestas a pata suelta y su despertar con sed y hambre.

Esta fue una vendimia sin una guía conductual –o programa– para llevar a cabo, es mejor dejar que todo fluya y ver como uno mismo logra desenvolverse en el estado más natural posible, sin tener que elaborar una lista de jerigonzas para describir lo que fue estar en ese mínimo espacio de la plaza de armas, sin nada más que disfrutar este asunto con mucho vino, mucho chancho y buenos amigos.

La segunda entrega, Vendimia de Ovalle, Limarí

A.M.T.

@Vinocracia

20 marzo, 2013

Entre enoturismo y Montes

GEDSC DIGITAL CAMERAHace poco fui invitado a conocer otro espacio en Apalta que está desarrollando de manera sostenible Viña Montes; si de turismo enológico se tratase, hay muy pocas instancias interesantes donde se pone a disposición la historia y el relato por sobre el recorrido a través de las hileras. Voy a mencionar mis reparos y un ejemplo que considero destacable, independientemente de lo que piense de sus vinos. Esto es otro tema.

Me cuesta y perturba hablar de enoturismo, sobre todo en Colchagua y sus zonas aledañas. Mi problema o uno de ellos, es la disparidad de precios y ofertas de todo el ramillete de viñas que juegan de local, que claramente, no guarda una lúcida equivalencia a la calidad presentada por sus vinos, ni mucho menos con las instalaciones y servicios a ofrecer. Hay una extensa libertad de cálculo en el tema de los precios, que deja entrever un leve desorden del cual no se puede desprender una verdadera oferta u oportunidad; esa que sirve por un lado, para trasladar a los cómodos traseros santiaguinos. Caso opuesto el de los operadores turísticos y concierge hoteleros, que logran encarrilar y comandar a nuestros entusiastas amigos brasileños y gringos, a una situación con mayor anestesia y persuasión. En este ámbito y al parecer, en las jugadas independentistas nadie se siente competencia del otro, y creo es un hecho, que desde la imagen equívoca del terruño exclusivo con carroza y caballo incluido, cualquier valor que se aplique puede ser válido. No quiero meterme directamente en el carril de los precios, siento que no me corresponde sacar cálculos y mostrarlos, pero si bien existen tremendas naves, bodegas, paisaje para contemplar, hoteles, restaurantes y una frecuencia de transporte que es óptima para estos fines; retraídamente quiero dejar la siguiente pregunta: ¿hay suficiente historia detrás para contener al paisaje?

Si por un minuto nos desapegamos del panorama y los vinos, acá siempre ha sido criticable el nulo y escueto ejercicio de contar historias –o buscar una creíble– ya que gran parte de las viñas fueron refundadas o tomadas como parte de un emprendimiento de conquista o un caprichoso negocio, donde la única figuración digna de drama sería la del deposito bancario. Y esta, es una realidad que afecta a grandes y pequeños productores, que dada la precocidad de sus emprendimientos no tienen más narración que ofrecer y buscar, siendo tema aparte las historias de las viñas tradicionales que justifican su pasado con un museo o sus deslúcidas bodegas. Crean o no, aquellos puntos referentes a los relatos e identidad, son los que provocan ronchas y signos de interrogación entre los turistas extranjeros, esos que buscan al vino, el terruño y su lógica explicación.

Por último pensemos o busquemos el porqué al otro lado de la cordillera todo esto sobra.

GEDSC DIGITAL CAMERAEntre megarelatos e historias, irónicamente Viña Montes se erigió como parte de un negocio, que a diferencia de varios se conceptualizo desde sus inicios en hacer historia desde la minucia; de esa aireada idea y apetencia de calidad proyectada por Aurelio Montes y socios. Es acá donde se ha construido el relato, que por lo demás, es el lance económico más interesante que he escuchado hasta el momento –o que me han logrado explicar– junto con el de Tabalí y Lapostolle. Y a pesar que uno tiende a creer que los grandes no cuentan historias o no las tienen, éste, es el valor agregado que falta y al cual voy a dar significancia, mas allá de toda estructura física ante el clásico, trágico y placentero escenario de turistas sentados tambaleando sus riñones camino al viñedo.

GEDSC DIGITAL CAMERADesde la grisácea obviedad, la historia es la representación y explicación a lo que se bebe, rebuscado o no, en este caso Viña Montes hace ejercicio de exponer el relato del relato, sin que parezca un idioma extraño, describiendo todo de una manera afable y vertical sin tedio de por medio. Desde el infaltable paseo por los viñedos bordeando los cerros de Apalta; la historia de su instalaciones bajo orientación del feng shui; una bodega llena de barricas con canto gregoriano; constantes y frecuentes alusiones a los ángeles; etiquetas diseñadas por el conocido ilustrador Ralph Steadman; la vida de Aurelio Montes y socios; la replica de su modelo en Argentina y Napa, todo, es un relato independiente con fundamento y espectáculo de sobra para que este interesante american dream en su versión chilena, sea deglutido con calma e interés.

GEDSC DIGITAL CAMERAEn esta especie de reconversión turística donde la arquitectura y el circuito natural juegan un papel preponderante, se le da un nuevo y no menor orden a su espacio culinario. El Café Alfredo, en cuyo nombre e historia se recuerda al socio de Montes, Alfredo Vidaurre, es asesorado por el chef Jorge Luksic, quien presenta charcutería de jabalí, carpaccio de ostiones y pulpo, queso de oveja, salmón, centolla patagónica y cordero, todo, a fin de contener la gama de vinos que tienen un precio fijo por menú y otros por copas individuales. Hay una variedad de precios que hace pensar en cualquier bolsillo y necesidad, no necesariamente pasando por un menú de gran excentricidad o de rescate incomprensible (tambien hay sencillas tablas de queso y frutos secos) que va en contra de innecesarios desembolses radicales como muchas veces queda en el imaginario. El modelo de Montes es un buen ejemplo que rescata todas las solicitudes que estaban pendientes.

Creo, como en este caso, es absolutamente necesario restablecer el valor del enoturismo en las viñas chilenas, mostrarse sin los ejemplos pirotécnicos incandilantes copiados del cinematográfico Napa, que no sea el paisaje el valor esencial por sobre el vino y su historia, que es algo así como vender el color del zapato y no el zapato mismo. Suena y es innecesario. Creo en la dosis de anestesia que mata a la curiosidad, esa que es proporcionada por los relatos y sus experiencias conjuntas, que dan forma al origen y, que van dirigidos a quienes buscan llevarse algo más que patrones verdes uniformados. Y que son la mayoría.

A.M.T.

@Vinocracia

06 marzo, 2013

Kizan, el espumante de Koshu

 
プリント¿Vino Japonés?...y  Ryosuke el ex chef de Marcoleta contra pregunta: ¿y ustedes los chilenos hacen sushi?. En verdad no podría juzgar ni rebatir este tema, pudiendo incluso cualquier palabra caer como ofensa, sobre todo a quien insistí bastante para que me trajese una botella de tan lejos. Y aunque el encargo inicial fue una botella de Whisky japonés; el que era mi amigo por ese entonces se esmeró al ver el contenido del blog centrando su objetivo en un vino, motivo por el cual estoy más que agradecido.
 
Kizan Sparkling Wine es uno de los espumantes que se consume regularmente en Japón y, si la moda lo demanda o dicta lo contrario, se le da el turno a otro vino de semejantes características no importando el país de origen. La compra de vinos en este país obedece fuertemente a tendencias y modas impuestas tras la saturación de comentarios, como también a la voluntad de compra de los salaryman, un amargo grupo etario de clase media con capacidad de consumo y fácilmente estimulable por el mercado. En estos términos el país es bastante caprichoso y explosivo, no extrañándome que una etiqueta chilena logre algún día  situarse en un sitial de moda o preferencia. Dije bien, algún día.
Desconozco absolutamente el alcance comercial de este vino, siendo una cuestión que me interesa muy poco. Lo que si pude averiguar es que los viñedos corresponden a la familia Tsuchiya, quienes en Enzan, prefectura de Yamanashi, algo así como el Napa Valley de Japón, llevan 76 años cultivando la vid y extrayendo su jugo para hacer vinos de cepas locales y un curioso brandy llamado La Flutiste. Caso aparte es de algo que no he probado aún, que es el aguardiente de doble destilación llamado Marc de Kizan, que según comentarios de chilenos residentes, hace recordar bastante a las aguardientes sureñas.
6954_01Entre las variedades mas destacables de las viñas japonesas, hay una lamentable combinación y enredo que da para una larga búsqueda de diferencias. Un ejemplo: están las hibridas Black Queen y la Muscat Bailey A, que en teoría y apariencias se dan a conocer como semejantes,  y en otros casos como dos cepas por separado; tema que en dirección obligada confunde a quien no es habitual ni está familiarizado con estos vinos. Como es en mi caso. 
Algo que si está claro y constatado, es que las cepas negras originalmente fueron introducidas por los portugueses en sus trazados comerciales al oriente posterior al año 1500, siendo posible encontrar Black Queen por toda Asia e indochina y, que en Japón, tras los cruces e hibridaciones mencionadas anteriormente; quien es considerado como el padre del vino japonés: Zenbei Kawakami, logra bajo su mano mejorar y adaptar la cepa a la difícil condición climática que impera en Japón, una que puede registrar en un año normal periodos de largas nevazones, tifones, lluvias y altos índices de humedad y calor subtropical en verano.
Otra cepa emblemática e importante que se incorpora 100% en el vino de Kizan, es la cepa Koshu, la cual intuyen los historiadores llegó vía Cáucaso, pasando a China y de ahí hasta Japón.  Ésta, consiguió llegar a puerto gracias a la expansión de budismo en el siglo VII, motivo más que suficiente, para que en los años y siglos venideros, el tema de la uva tuviese una trascendencia administrativa tanto religiosa como imperial.
Se puede fácilmente menospreciar a Japón dada su nula aparición y competitividad en el tema de los vinos, pero cabe destacar que tienen una larga data de cultivo, siendo oficialmente conocida a través de los Jesuitas, que tras la persecución, crucifixión y muerte de los llamados 26 mártires de dicha orden, tuvieron que pasar más de dos siglos para que se volviese a hablar de vinos.
La vinificación  formal y trascendente se da en la prefectura de Yamanashi en el año 1874, cuando Hironori Yamada y Takuma Norihisa inician el primer intento vitivinícola independiente en la ciudad de Kofu. Sin embargo, la especialización se dio cuando en plena y conflictiva restauración política-imperial Meiji, la uva y el vino fueron considerados asuntos de importancia nacional. De esta manera se envían a Francia para el estudios de vinificación a los jóvenes: Ryuken Tsuchiya y Takano Masanari. Estando de regreso dan comienzo a la Dainippon Wine Co. Ltd. empresa que no prosperó como estaba planificado, ya que se encontraron con un gran obstáculo en relación a  la cepa Koshu, y es que ésta es algo débil para la producción de vinos firmes y en algunos casos, se producían perdidas durante en la fermentación, que por obviedad, no había dado el mismo resultado que con las cepas ensayadas en Francia. Fue por esta razón que se le dio un uso alternativo y urgente a la fruta; hablemos que esta es una poderosa fuente de extracción de ácido tartárico y alcoholes livianos, que se utilizaron como medicinas en las sucesivas guerras que sostuvo Japón.
Terminados varios conflictos globales, conquistas y derrotas, la desestimada Koshu es puesta en forma nuevamente para la elaboración de vinos, pero esta vez,  usada como complemento menor o simple relleno para otras cepas europeas y americanas de mayor concentración. Su máxima connotación la logra como simple uva de mesa, lo cual provoco una estrepitosa caída y devaluación de la fruta, siendo no rentable el cultivo y la cosecha.
Sumamos a esta debacle, la abolición de los derechos de importación de vinos extranjeros, que termino por abatir cualquier tipo de emprendimiento, siendo el vino, un tema que ha salido a flote después de 1970, y que en gran parte, fue estimulado y apoyado por grupos de consumidores y algunos profesionales del vino, los cuales querían ver a un Japón con una calidad similar a la europea y aspirando a una capacidad productiva razonable.
Un importante problema que no dejaré pasar, es que incluso el vino a granel importado y embotellado en Japón puede ser considerado vino japonés, cuestión que molesta a los productores de Yamanashi y que logra tras esto, la creación de las primeras asociaciones en pro del vino, la promoción de sus cepas nativas y el impulso del turismo.
Kizan
Lamentablemente para poder expresarme con un mínimo dominio de la cepa Koshu, debería tener una buena cantidad de botellas sin carbónico, cuestión que me ha sido imposible conseguir, así y todo, creo que este espumante puede ser un buen acercamiento.
De comienzo vamos por el cuerpo que es bastante liviano, se siente rebajado, de esos espumantes que algunas revistas llaman frescos por “default”. Inmediatamente se muestra seco, con una liviana acidez y cremosidad que logra una buena amplitud en boca, muy envolvente tras su respetable cantidad de carbónico, que va muy integrado al vino, es poco visible y denotando una excelente persistencia en boca. Buen paso por el método tradicional. Hay una ausencia clara de corona,  y lo que es el perlage, este se uniforma tras unos minutos de espera para subir en forma intermitente y alineada. Es para destacar que no posee evoluciones sucesivas o muy notorias, lo cual tiende a decepcionar un poco, no dando el pie para hacer una cata a dos o cuatro copas como sucedería con un champagne; siendo la única y pequeña nota que surge es a manzana verde, pero muy opaca. Si bien en boca no se aprende mucho, es en aromas donde se puede presenciar lo interesante, ya que no es muy común encontrar vinos espumantes con notas a tierra y algo herbáceas, que juegan muy bien con las escuetas notas lácticas de crianza, que logran dar profundidad a las levaduras. Quizás sea el punto a favor de todo esto y aun así, no se despejan mis dudas sobre la cepa.
La calidad no la pondré en discusión, tiene elementos que cualquier otra prestigiosa DO presumiría, pero a esto le falta gracia, chispa, desarmarse un poco, está muy acotado y restringido a la calidad del método más que a mostrar un buen vino, me alegro que respetasen la acidez necesaria, pero es una experiencia que evidencia la carencia de locura y el sobre entender instrucciones o la visita técnica.
Ahora, tengo muy claro que estos vinos no son del interés de muchas personas y lo más probable, es que jamás los prueben…y eso me da un poco lo mismo, esto es solo cultura y creo que debiese mirarse o apreciarse como tal; no me vengan con analogías y parábolas sobre lo inalcanzable. Sólo disfruten la lectura.
A.M.T.
@Vinocracia
 

05 enero, 2013

Don Pascual, una excusa para hablar de Tannat.

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Jorge Navarro en uno de sus libros de cuentos y memoria, hace una sugestiva reflexión a algo llamado: La edad de siempre. Esto viene a ser un instante en el cual nuestra personalidad e identidad, imaginariamente se fijan y quedan en suspensión absoluta. Es una curiosa frase que se emplea, en el simple y discreto ejercicio de recordar y rememorar situaciones muy lejanas –de niño por ejemplo– e identificarnos como si siempre fuésemos la misma persona, sin sufrir cambio alguno.

Esta cita en particular no me parece un disparate o una excentricidad intelectual. Según el escritor, es lo que permite describir y tener a salvo algunos recuerdos con exactitud y en absoluta lealtad a uno mismo.

Hace unos cinco o seis años creo haber probado los primeros Tannat uruguayos. Fue justo en el momento en que comenzó la baja de pasajes, y los chilenos, vieron la colectiva posibilidad de unas vacaciones intermedias, en los largos feriados de invierno o primavera.

En ocasiones, solo encargaba vinos de duty free de Establecimientos Juanicó. Nada que fuese muy especial (no lo son). Pronto las exigencias fueron en alza. Y hasta el día de hoy no dejo de impetrar aquellas botellas de Amat de Carrau, los de maceración carbónica de Pizzorno, los Varela Zarrans, las artesanías de Bodega Domínguez, Ariano, Barboa, Toscanini o de Bertolini & Broglio por nombrar algunas.

El punto es que vuelvo a probar este vino y otros de las bodegas mencionadas, después de una larga omisión de mi parte.

No quiero hacer desdén a la grandeza de algunos vinos uruguayos. Prefiero hacer una síntesis práctica en Don Pascual, un vino sencillo, económico, masivo e industrial, y aun así, puedo constatar que a pesar de no sonar muy alentadores estos términos de cadena productiva, ha de ser algo más correcto que muchos vinos de saldo en Chile y Argentina. En botella conviven concentración y firmeza que no son aletargantes; se desprende cierta neutralidad y tinta en torno a la fruta, que no requiere más profundidad y descripción tras su corto paso. Esto no obstaculiza a que sea un vino de mesa para la carne diaria y chupetear el asado de tira, acompañado de brasas con leña o madera de construcción con restos de cal. Esto al parecer suena bien, y me daría gusto que todos los vinos económicos fuesen como este. Tiene más altura que la vez anterior.

Lo que no me agrada, es al volver a probar el resto y ver que algunos siguen siendo eternos y pretenciosos aspirantes.

El Tannat parece vivir en la edad de siempre, pero de manera consistente y material. Quizás el único cambio reconocible en algunos, ha sido dejar correr el Tannat solo, sin ensamblajes para estabilizarlo. La cepa sigue estando bajo comentarios impolutos y, ante la esperanza del redescubrimiento o un interlocutor válido que aún no ha conseguido.

Creo que no es tradición la palabra a usar, sino más bien una especie y condición de reposo natural ante costumbres que han de ponderar bastante. Y es fácil dejarse llevar por esa tranquilidad donde se vive una profusión de carne, whisky, medio y medio, pizza, chivitos y vinos frente al atlántico, donde no existe una muchedumbre latente de personas que te jodan la vida con un bocinazo a cada cuadra.

Pero tanta pasividad y poco alzamiento me indigesta. Como se dice en buen chileno: acá hace falta un zamarreo y coscorrón para que el Tannat pueda trascender a su tiempo y lugar; que salga de esa rutinaria existencia actual que lo hace permanecer en constante fragua.

Es curioso que una parte mía saque a relucir esto. No quiero caer en el discurso modernizador, pero en casos así, se extrañan esas criticas de mierda pro identidad, viñateros con egos heridos y otros festivamente celebrando la tensión numérica que ceden los puntos.

De la misma forma que nos enjuagamos la boca odiando la madera y la sobrecarga, que alguien vaya a Uruguay y diga que odia la tinta china. Pero con urgencia.

A.M.T.

27 diciembre, 2012

Su mundo y el mío, no son muy diferentes

HAP001HAP0100021-Happily_Unmarried_Wine_Rack_Film_ReelNuestra mayor y constante angustia era ver que la industria audiovisual poseía una calidad y agilidad extraordinaria para realizar comerciales y spots publicitarios. Cinematografía pura. Por motivos más que claros y en medio de deficiencias no podíamos ver esa misma diligencia en películas, documentales, cortometrajes y otras piezas en cuestión; donde veíamos con cierto celo a un Raúl Ruiz dando cátedra desde el silencio, o un Patricio Guzmán que se consolidaba en temas que aun agradan a países europeos ávidos de imágenes con conciencia social.

Con este panorama nos resignábamos a ver en la publicidad nuestra futura fuente de divisas, ulceras y colon irritable.

En el laboratorio de la universidad propuse varios proyectos hacia la búsqueda de las causas del flemático avance de algo que inmerecidamente podía llamarse industria. En ese entonces ideamos un plan para evidenciar carencias, ejemplificarlas y tener una especie de constancia para obrar directamente desde la docencia. Así fue como J.L. Esnaola, Ricardo de la Fuente y otros, dieron luz verde a cuanta idiotez se me ocurría y les llevaba en papel.

La gran mayoría de mis profesores tenían ideas y teorías alucinantes, bastante fumígenas de cómo hacer industria cinematográfica. Todos estos canallas eran del medio y no hacían mucho al respecto, así fue como decidí buscar y retocar mi propia versión del defecto.

La investigación me llevo hasta Manhatanville, Universidad de Columbia; donde abundaban los seminarios y discusiones en los cuales, no era bien visto hablar de las carencias cinematográficas del tercer mundo en tiempo presente. Más bien pedían que se planteara una solución ante lo que ellos llamaban “retraso ideológico”. Me di cuenta que esa extraña concepción e imposición de la democracia norteamericana también podía ser llevada al cine.

En aquel entonces había logrado entrevistar y sacar conclusiones en torno a notables personajes, como al hombre de los grandes efectos especiales, Andrew Kramer y a otras celebridades, como el colaborador de Scorsese, Michael Chapman, y a cuanto crítico y cineasta se paseaba por Sanfic. Terminé todo este ciclo y estudio con la BBC de Londres y sus seminarios sobre nuevas redefiniciones de la cultura. A decir verdad, no había mucho que discutir ni nada nuevo que plantear, ya desde una perspectiva muy acotada de las realidades se podían precisar grandes defectos.

El equipamiento técnico de las escuelas de cine de la gran manzana hasta nuestra vecina Buenos Aires, eran muy similares con los disponibles en Chile, aun así, no era similar la forma de operar desde la concepción de las ideas hasta la toma de planos. La técnica para operar las cámaras Arri, Red One, Sony, luces y focos de todos los sabores y colores posibles; era exactamente la misma. Incluso los flujos de trabajo de las mega máquinas de edición y post-producción high end ‒que si bien a menor escala‒ eran similares a las que ocuparon en el Señor de los Anillos y otros tantos filmes blockbuster (maquinas Autodesk). Como en el vino se requiere de fruta, acá con nuestras maquinas y fierros teníamos de sobra para plantar y echar raíces.

Voy a sumar la escenografía natural que parece un inmerecido y abundante regalo. Creo que hasta el día de hoy trato de asimilar la cantidad de locaciones que me ha tocado fotografiar. Somos muchos los que experimentamos estremecimiento al respecto y da para efusiones verbales varias. A tal punto es la belleza e interés natural, que no hubo demora cuando las productoras extranjeras levantaron oídos ante aquel dato del país con diversidad de climas y accidentes naturales. En total sigilo, se realizaban con mano de obra nacional de bajo costo, fotografías y efectistas comerciales para inalcanzables marcas de automóviles alemanes y deportivos italianos. No olvidar que gracias al emergente scouting, incluso el british proud de 007 llegó a bananear hasta nuestro país. Podemos decir que tenemos terroir de sobra.

Sin embargo con toda esta abundancia de maquinas y paisajes las películas seguían careciendo de textura, atmosfera y síntesis adecuada. Eso en el lenguaje común y corriente posee el mismo valor que la capacidad de dejarse llevar por el sentido del gusto y el olfato. Películas absolutamente insípidas sin clima de tensión, hasta el punto que no siendo un experto en la realización, cualquier neófito podía constatar la mala inversión que era sentarse a ver una película chilena; limpiamente y sin culpa se podía bostezar a destajo. Se había instaurado colectivamente que el cine chileno era de frentón malo. Y la crítica y el periodismo daban perezosos empujones de palabras, hastiados de decir siempre lo mismo  ‒no los culpo‒  era suficiente para darse cuenta que las disposiciones no eran de las mejores. En contadas ocasiones se extralimitaba y verborreaba enfermizamente un comentario, incluso en esas crisis neuróticas, había razón y un sádico constructivismo.

Pude constatar que la educación tanto en la escuela de cine de New York, Buenos Aires o Francia, no difería tan drásticamente de la nacional, pero si me inquietaba la presión e influencia que los diversos patrones y generadores de cultura ejercían sobre la identidad de los estudiantes. La proyección y concepción e ideas de cualquier persona promedio era de una soltura impresionante, pero ligada a la tradición y arquetipos propios, en los cuales no existía esa jodida antagonía de innovar en torno a las trasnochadas tradiciones e imposiciones docentes.

Desde esa ladera, no importaba si la tradición es reciente o de antigua data, el cine no tiene nada de nuevo y sigue siendo 24 realidades en un segundo. Pero había en estas personas, un respeto y reverencia a esas ideas y conservarlas. En nuestra realidad, solo queríamos hacer más de lo que jamás habíamos hecho, esas, eran nuestras pecaminosas producciones nacionales.

El panorama logró cambiar al poco tiempo después y en un tiempo record, en no menos de dos o tres años. Es en este minúsculo lapso fue cuando surgieron nuevos cineastas con sus respectivos cuestionamientos al establishment, azotados ante la certeza que el crítico extranjero o el juez de festival lo masacraría a los 10 minutos de comenzada la película. El mejor comienzo fue fundar cuestionamientos en base a la duda, la duda del por qué esas películas extranjeras reflejaban patrones de colores acordes a las sensaciones que provocaba la proyección, era pura imagen al servicio de la historia. El guion tenía color, sabor, fuerza y textura. Los nuestros no. Llegábamos al color solamente.

Las constantes autocriticas, mas los juicios críticos externos y varios ridículos y tropezones de por medio, hicieron comprender y aceptar que realmente se estaba en el camino inexacto, ficticio y autocomplaciente. Nos estábamos vendiendo a nosotros mismos la idea que lo hacíamos bien, buscando el horizonte comercial incierto por sobre todo. Nuestros profesores, los mismos cineastas que hacían esas películas, nos convencían de aquello. Y aparecieron también vociferantes reclamos desde el interior del círculo (que no es industria aunque lo parezca) saliendo a reclamar y a hacerse parte. Después de tanto reproche hubo un comienzo y deseo de querer establecer nuevos planos y tantas formas como fuese posible de narrar y yuxtaponer imágenes en función de las realidades palpables, de cierta honestidad y humildad, algo que irrisoriamente Ruiz llamaba cine natural. 

Ahora, sé muy bien que podrán salir al paso a desaprobar todo lo que ha conseguido el cine chileno, saliendo a encarar y buscar si en nuestro ADN hay rastros de un Oscar o un Goya, y para eso les tengo varias preguntas, ¿el cine chileno se parece al efectista y rebuscado cine norteamericano?, ¿al neorrealista en antaño y ahora estéril cine italiano?, ¿acaso se asemeja al Nouvelle Vague o al actual e insondable cine francés?, no, a nada de antes ni después de eso, y solo muy cerca ha estado jugando con propiedad en Sundance y rozando vestiduras en las esquinas de Cannes y Guadalajara.

Lo que ha logrado el cine chileno es algo más concreto y de fondo, algo escasamente divulgado.

Por primera vez los argumentos que se premian en festivales, responden a guiones que apelan a la sensibilidad y honestidad desde sólo un peldaño más arriba, que se trabajan desde lo que es un arquetipo certero y entregado, en oposición clara al pasado estilo imaginario y sobreactuado. Es una pizca y esencia de la realidad. Sin idealizar ni sobre cargar situaciones, marchando desde la médula hacia la inquietud de un cine que nos pertenece y donde podamos nosotros mismos ser reconocibles. Aun así, esto es solamente el velcro que sujeta nuestros pañales, no es nada más que eso, pero en sí, un tremendo logro y evolución que tengo la dicha de haber visto desde su interior, desde la entraña misma.

¿En qué se parece o se podría parecer su mundo al mío?, creo que no hay muchos hilos que hilvanar después del texto, y me tomo la libertad de entrar al suyo y comentar de vinos, y asi usted también puede entrar al mío para criticar una película, mientras tanto podríamos ver la forma de unir estas dos realidades, porque a decir verdad, se hacen bastante falta. El problema es que aun no se han presentado mutuamente y nuestro único acercamiento ha sido con el profesor, el mismo que hizo un spot publicitario disfrazado de serie documental, descorchando el Chile sin alma y sin punto de vista, como esos vinos malos que se olvidan rápidamente.

 

A.M.T.

21 diciembre, 2012

Bodegas RE – el fondo de la botella.

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La biografía del creador de Honda Motors, Soichiro Honda; se desarrolla a través de movimientos precisos y calculados en los cuales es posible digerir sus constantes fracasos. Sin embargo, existe un quiebre cuando da cuenta que la personalidad y carácter debe encajar con el trabajo, así, decide solo enfocarse en llevar al limite sus virtudes en un solo oficio, dedicarse únicamente a fabricar el mejor pistón jamás hecho en Japón, como especialidad única, temática y sin desvariar o marearse en ensoñaciones o alternativas. Finalizando la segunda guerra mundial y tras sus anteriores fracasos y triunfos de corta duración, decide llevar su filosofía imperativa al siguiente nivel, fabricando únicamente motocicletas, logrando consolidarse como el mejor manofacturador del país; para posteriormente, dedicar los esfuerzos a la industria automotriz en serie. Es en esta ascendencia ligada a su temple, es que llega a la fórmula uno y sentando las bases para iniciarse en la industria aeronáutica y de la robótica.

Honda, creador de toda esta masa industrial, no da constancia de los fracasos posteriores, no a modo directo. El éxito para él no era un valor absoluto expresado en la venta, es más, lo que el vendía lo consideraba un fracaso, según su particular visión, siempre había algo que superar y llevar al límite y luego innovar y repetir la historia, mientras estos límites no se tocaran, nada era considerado para él un éxito. A pesar de la calidad incuestionable de todo lo que salía de su factoría.

Sin ánimo generalizar -ya que existen casos y casos- si pusiese en paralelo algunos aspectos de la industria del vino con la vida de Honda, esta parecería algo pusilánime, y más que por ganar algo, se mueve por no perder lo que tiene. Una lástima en estos tiempos donde los consumidores se atomizan y se pueden leer planteamientos de un mañana posible, donde continuamente la pregunta: ¿qué hacer? se ha vuelto inmisericorde día a día.

Me permito ahora exponer algo distinto.

Foto61Pablo Morandé e hijo, sin pre fanfarrea que pudiese preverlo, presentaron una realidad totalmente distinta, que si bien, se ve muy explosivamente descubierta hoy tras el Descorchados 2013, tiene una data y fondo más largo de lo se pueda imaginar o ver a simple vista.

Este es un trabajo impresionante y muy particular que busca evidenciar a través del vino, experiencias personales, procesos históricos, heredados y a la medida, una suerte de traspaso de raíz que pueda convivir con la diversidad de juicios y gustos actuales, con una ruptura obvia en la combinación de cepas que parece venir a abofetear cualquier preconcepción de ensamblaje que se tenia del vino chileno.

Dentro del proceso y retoma histórica, está por ejemplo la herencia del Cabernet Sauvignon con Carignan; sacada del antiguo recetario familiar y de los vetustos brebajes que les denominaban “tintos re tintos”, con el corte de fruta del secano del Maule y con las viejas parras de Santa Helena de Loncomilla. Hay que sacarse no un poco, si no que bastante, la idea de las entregas anteriores de Morandé, esto es otro camino, uno bastante personal lleno de tinajas, foudres, largas maceraciones y el mínimo de SO2.

20121101_190152El RE Cabergnan, Cabernet y Carignan; pasa por un proceso de fermentación de dos meses en grandes ánforas recubiertas, las que no necesitan ser refrigeradas, ya que existe una condición en bodega muy fresca y natural, que permite no recurrir a medios de ventilación y refrigeración forzados. Luego de este proceso fermentativo y con escasos remontajes, pasa a dos años de barricas, mas dos adicionales en botella. El resultado es un vino con una acidez que solo en un comienzo tiende a enmascararse, ya que tiene un golpe y aromas de entrada bastante interesante, muy poco dulzón o casi imperceptible, mucha guinda acida y terrosidad conjunta, contra todo prejuicio hacia las maderas, se siente fresco, de buena estructura y bastante ágil.

RE Pinotel, Pinot Noir y Moscatel Rosado. Probablemente cuando lo prueben trataran de definir un algo, alguna fruta u otro descriptor similar. Se mueve bien entre un valor de acidez muy expresivo con aproximaciones minerales; poco a poco se comienza a definir un alcance frutal bastante largo y de notable volumen en boca. Olviden esa antigua sinonimia que existía entre azúcar residual y Moscatel, acá hay un alcance de pureza al respecto que rescata más la naturalidad de la cepa.

RE Chardonnoir, Chardonnay y Pinot Noir. Me viene necesariamente el recuerdo a aquellos vinos base de champagne, ácidos y persistentes y secos, que rápidamente se van amansando en el paladar, obviamente sin las notas crianza. Probar este vino es una aproximación clara a aquello y la oportunidad para saber más menos de que se trata. Tiene un alcance salino y de aromas tenues a fruto seco, esta muy balanceado y bien definido.

Foto53La muestra de vinos de Bodegas RE de Pablo Morandé y familia, son un extracto de situaciones vívidas y personales, en las cuales los rasgos dominantes y de personalidad de las cepas, están reflejados en la adición y ensamblaje de sus vinos, con métodos poco tradicionales a una escala que se quiere mantener razonable en el tiempo. Plausible es la ambición de querer hacer visible en la bodega lugares y situaciones que ya no existen, pero que en una forma particular de ver esto, se quieren recuperar para dar un trozo y reflejo de historia y cederlo a lo que llaman y conceptúan como belleza en el vino. Quizás esto les ha de parecer enajenado, pero no he de conocer locura que haya dejado de ser tal, para transformarse en una proeza meritoria. Si no creen, lean a Soichiro Honda o beban uno de estos vinos.

A.M.T.

 

Los vinos se adquieren directamente en Bodegas RE, ubicada en la Parcela 3C, El Ensueño, Camino Lo Ovalle Km 1 de Casablanca.

Twitter: @BodegasRE

15 diciembre, 2012

De Martino - Viejas Tinajas 2012 y otras hierbas…

DE MARTINO

Hasta cierto punto, es una comedia el conflicto supuestamente irreconciliable entre los más acérrimos amantes del vino y la llamada especialidad. Casi imaginario porque desde el anarquismo entrañable y en apariencia silencioso; estén de acuerdo o no; los entusiastas del vino consumen la información escrita que se genera del otro lado. Quizás buscando alguna coincidencia entrelineas u otro fundamento a discutir. Quien sabe.

Disensión y contras hay por montones, que lamentable y frecuentemente, se asocian en un entorno donde se confunde la discrepancia con el ataque. Todo esto se logra transfigurar después casi en una religión, en la que todos pueden defender la variante o porción de la verdad que más les agrade. Por lo tanto, creo a estas alturas que este tipo de rencillas torpederas y confusos sentimientos a flor de piel, han de verse como un asunto primitivo e innecesario, desde el descorche hasta la borrachera misma.

Como relataba el mexicano Juan Villoro: Quien condena un argumento, parece más inteligente que quien lo acepta (en silencio).

Esté de acuerdo o no con la lectura que se genera, hay que comenzar a reconocer un aporte claro de una parte del periodismo. Y es que este ha sido capaz de sacar del anonimato e identificar en la reseña a personajes como Luyt, Retamal y otros nombres que se pierden entre el viñedo y la botella. Si bien no se cuentan las historias en su totalidad -ya que los espacios, tiempos y algunos rigores apremian- es algo que sale para evitar quedarse dentro del claustro onanista de los grupos que simpatizan por el vino.

El ya no tan novedoso -que curiosamente siempre parece una novedad- De Martino Viejas Tinajas, tiene una faceta muy interesante. No siendo un vino encasillado formalmente dentro de la categoría “natural” o “artesanal” o de quizás sindicarlo a grupos de pequeños productores; ha logrado generar simpatía entre los bebedores como si fuese uno, pero con la producción y demanda de la liga en la que realmente esta jugando.

La propuesta de De Martino a estas alturas parece responder y categorizarse como fenómeno. Viejas Tinajas es uno de los pocos vinos que me ha tocado ver que se quiere comprar en verde, o sea, antes que esté disponible en la tienda ya existe una preventa para calmar las ansias. Puedo estar equivocado pero hasta donde yo recuerde, nunca he constatado anteriormente tal afán e interés por parte de los consumidores. Más allá de lo casi indiscutible de este último punto, aparece su enólogo Marcelo Retamal con un nuevo discurso y trabajo que logra reconvertir su imagen. De ese extraño e irónico anonimato que ceden algunas revistas, pasa a ser un rostro visible y corpóreo, al cual podemos responsabilizar y hacerlo parte de nuestra empatía bebedora. Comulgas con su vino y con su trabajo…la fidelización llega prácticamente por rebote.

No creo que la moda marketera para otras viñas sea poner el nombre del enólogo a cada botella de vino que venga, estos son casos muy específicos. Y cuidado con forzar esto, ya que la lógica del bebedor informado; ese mismo que gusta de la telebasura, la subscripción a la revista de vino de papel couché, del “suTshi” y sus tardes en Providencia, o del republicanismo con botox del Liguria; no es tan idiota como parece. Posterior consumo de información, compra y prueba; es donde se puede observar la firme correlación que hay entre a que sabe el vino y que te gustó de él; quien lo hace y que representa. Ya son varios y van en aumento, quienes no se están tomando tan relajadamente este asunto del vino y desde ese punto de vista, la venta de pomada tiene que venir desde cierta honestidad y con un sentido mínimo de origen, innovación o de alternativa, de lo contrario no creo que sirva de mucho el discurso de la choreza orgánica, natural, de productor independiente o de terroir extremo.

fil_ffb9c1b7c2_20111230105602Viejas Tinajas no tiene un gran secreto, es un vino producto del Cinsault proveniente de Guarilihue, mas en especifico Coelemu, Valle del Itata, a más de 20 kilómetros del mar; que se debe a la maceración carbónica y cuyo proceso se inicia y finiquita en tinajas de arcilla, sin correcciones y con la mínima intervención. Vino con una exquisita y simple frescura, frutoso y de acidez que se mueve con gracia, con total sentido a su tierra. Huele o se siente igual que estar empotrado en un fardo de pasto en medio del campo y todo lo anexo a ello, nada más agradable y simple que eso, la botella se va fácil de una sentada. Y eso es todo, no es un vino para describir y agotar recursos. No se puede entregar todo en bandeja.

A pesar de que el 2012 fue incendiario y la cosecha se ha ganado apelativos pirotécnicos por doquier, el Viejas Tinajas 2011 sigue siendo un poco más firme y acido. Pero la entrega de este año sigue estable, sin desarmes y quizás, afecta un poco ese leve toque dulzón que para mi gusto no es un asunto tan jodido ni por el cual llorar. Sigue siendo el alma de Viejas Tinajas, lo que sobre y lo que falte es garantía de terroir y de lo poco y nada que el hombre puede hacer ante los disparates de la naturaleza, esta de mas explicar que solo hay que aceptar estos factores. Solo bébanlo y punto.

A.M.T.

08 diciembre, 2012

Del Viento - Sauvignon Blanc de Paredones, Viña Estampa

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Hace bastante tiempo que no disfrutaba de una presentación de vinos…bueno, en realidad no voy a tantas como quisiera. Si no fuese despectivo con los vinos que no me agradan sería todo muy diferente. Ya superaré eso.

Tenía un parcial apronte de este Sauvignon Blanc en mi anterior visita a la Viña Estampa. Por ese entonces la recién llegada enóloga Marcela Chandía, retomaba los trabajos en Marchigüe y Palmilla e iniciaba su primer proyecto, cuya autoría estaba decidida a pertenecerle por completo. Aclaro esto ya que muchos sabrán que Attilio Pagli es asesor y que obviamente, hay miradas y consejos de lado, pero el merito en concreto es de la enóloga y su viticultor a cargo, Martín Fernández.

3902_4843062511297_1998989155_nEn esta visita a Paredones se puede corroborar las premisas y acercamientos prometidos. Hablemos de un viñedo de 20 hectáreas a 8 kilómetros en línea recta hacia el mar, con plantaciones de Syrah, Pinot Noir, Chardonnay y Sauvignon Blanc y Gewurztraminer. Todo esto en suelos graníticos, pobres en materia orgánica y bastante disgregados, donde solo se presentan 66 días cálidos sobre los 25˚C.

Ahora, es bueno aclarar y hacer aserción que Estampa es la primera viña, que como tal, planta en forma independiente en Paredones; aunque en apariencias se crea o se haya escrito lo contrario. Las uvas obtenidas y promocionadas por viñedos vecinos, pertenecen a un productor independiente que vende su fruta en el sector.

Todas las historias y comentarios del Sauvignon Blanc han sido construidas desde la critica textual y en ese aspecto, siempre me ha causado gracia la variante del “cebollín”, “sudor” o “pipi de gato” como descriptores, a sabiendas que el sudor no huele a nada.

En total sumisión se soportan años de Sauvignon Blanc con aromas que eran evidencias de verdaderos golpes que los bebedores describían como aleta y axila, a lo cual se le culpa a un clon en especifico. Me agrada en este vino el silencio y la normalidad de esa expresión, casi imperceptible, tenue y vaporosa, menos obvia que en los otros valles de clima “frio” o costeros. Seamos francos que el Sauvignon Blanc de Estampa viene en una velocidad media, no pasando por madera y sosteniéndose en un punto flexible, donde se rescata una agradable acidez no corregida, que se siente natural y fresca. No usaré los apelativos clásicos como nervioso, rabioso o furioso, creo, que mi sistema nervioso central y sus reacciones, distan mucho de este vino…y de los vinos en general.

BOTELLA_SB12_DELVIENTO_ALTACon las cepas blancas, generalmente hay una síntesis aditiva y sustractiva, no así como en los tintos. Acá la adición más clara son aquellas notas minerales, en una extensión media, justa y no confusa, que si bien no son brutales como las del Limarí u opacas como Casablanca, son arranques valederos, notorios e intermedios como los demás Sauvignon de la zona. ¿De suelo granítico?, les dejo esta discusión para su propio fuero teórico. Creo no estar tan equivocado.

La sustracción y el debe podría estar en la cremosidad. Siendo un vino de fácil paso en boca, amable y poco graso, hay una pequeña traza que por mi fuese la duplicaría. Pero esto es Sauvignon de Paredones, expresivos pero muy medidos.  Ya con buenos aromas a fruta típicos de entrada, acidez destacable y mineralidad presente, me falta un poco de aquello. Pero tengamos en cuenta que es la primera entrega, su primera cosecha, y para serlo, creo incluso que supera a varios exponentes de los valles centrales de clima frio, donde el Sauvignon se presenta algo desordenado a estas alturas…bueno, no son mis favoritos dentro de la cepa.

La entrada de este vino es para seguirle el rastro a Paredones, proyectándose algo muy interesante en la zona, teniendo en cuenta que las jóvenes plantas van a ir cediendo un poco más año tras año, y para ser la primera cosecha de Sauvignon Blanc costero de la viña de Marchigüe, hay que reconocer que se ha impuesto en una posición bastante privilegiada, sobre todo ante quienes les han cedido puntos y recomendaciones.

Me gustaría por ultimo destacar una duda que hace bastante tiempo me daba vueltas. El tema de la poca agresividad comercial, siendo esto del vino algo con lo que se canibaliza bastante, la respuesta de su dueño Miguel González y de la parte comercial encargada a Ben Gordon es clara: hay formas y formas de decantar el vino –comercialmente hablando– el tema de la agresividad no es la única forma de proceder; la opción de la viña, es tomar una dirección pausada y meritoria. Una vez dicho esto, Attilio Pagli solo mueve la cabeza en pro y aprobación a lo explicado. Y en conformidad de eso, trabaja el resto del equipo, sin pretensiones extra sociales o éxtasis megalómano u arranques representativos por separado.

Para tenerlo en cuenta.

Link a Viña Estampa

A.M.T.

 

04 diciembre, 2012

Chanchos Deslenguados, vinos sin tabú !!

chanchos deslenguados II3Atentos que el día Sábado 15 de Diciembre desde la 11:00 AM, se realizara una nueva versión de la única muestra de vino natural archiconocida como “Chanchos Deslenguados”. La junta será en el Santo Remedio, ubicado en Román Díaz 152, Providencia, por un módico precio de $3.500 pesos.

 

Atenti al sitio http://www.vinonatural.cl

El line up de artistas invitados….

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